Retrato Hablado
entrevista
Pedro de Garay, Empresario.

‘A la gente le va mejor cuando sabe invertir’

Pedro de Garay fue el único de los tres hijos de Alonso de Garay que siguió su camino en Grupo Bursátil Mexicano (GBM). A los siete años,comprendió de qué se trataba el trabajo de su padre. Le abrieron una cuenta de inversión y entonces le pareció muy simple: “compra barato y vende caro”...
María Scherer Ibarra
20 octubre 2016 22:18 Última actualización 21 octubre 2016 5:0
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A los siete años, Pedro de Garay comprendió de qué se trataba el trabajo de su padre. Le abrieron una cuenta de inversión y entonces le pareció muy simple: “compra barato y vende caro”. Ese era el secreto del mercado de valores. Apenas aprendió a multiplicar, hacía cuentas: el precio de la acción por el número de acciones…

Fue el único de los tres hijos de Alonso de Garay que siguió su camino en Grupo Bursátil Mexicano (GBM). A los 12 años, pasó un verano con los operadores en el piso de remates de la Bolsa de Valores y a los 18, de Garay creó Radio Deo, la primera oferta radial por Internet. En su mejor momento, tuvo una audiencia de 60 mil escuchas con un programa matutino de entretenimiento. La “burbuja” de la red estaba en su apogeo y la empresa creció rápidamente. Obtuvo ganancias por publicidad, pero quebró al cabo de un año y medio.

Unos años después estudió administración de empresas en la Universidad Anáhuac, pero el joven vaciló en 2006, durante el Mundial de Futbol de Corea-Japón, cuando convenció a Javier Aguirre, El Vasco, de que le permitiera asistirlo, sin goce de sueldo, en el Club Atlético Osasuna.

En 2002 entró a GBM y estuvo a punto de salirse: “Sentía que me consentían mucho y yo prefería cambiarme de casa de bolsa. Pero apretaron y me hicieron chambear más que a los demás, y sin sueldo. Al final, pedía esquina. Pero fue muy formativo”.

Entre otras tareas, De Garay impulsa la educación financiera y herramientas tecnológicas para alcanzar a un público que no tiene acceso a los servicios financieros: “La gente cree que se puede hacer rica de la noche a la mañana, y evidentemente eso no sucede. El dinero se hace a largo plazo, y hay buenas y malas épocas. Las malas son las que hay que aprovechar porque justo ahí están las oportunidades, aunque frecuentemente se piensa al revés, que cuando hay crisis hay que salir corriendo y mandar el dinero fuera”.

“El acceso se ha ampliado y ya no invierten solamente los grandes empresarios vestidos de traje. El tema de la Bolsa ha dejado de ser elitista y queremos seguir democratizándola. A la gente le va mejor cuando tiene educación financiera y cuando sabe invertir”.

Trabajó un par de años en las oficinas de GBM en Nueva York. Ahí se le ocurrió una idea que lo empujó a superar el “trauma” de la quiebra. En sociedad con Alejandro Ramos, abrió Síclo, una opción distante del gimnasio tradicional. “Yo siempre he dicho que las oportunidades están en México; no están en Estados Unidos, mucho menos en Nueva York, donde ya existe absolutamente todo. No hay una sola cosa que exista y no esté disponible en Nueva York. Es cierto que tiene un gran mercado, pero también tiene todos los productos y todos los servicios del mundo.
Es realmente complicado competir ahí. Mientras tanto, aquí en México faltan tantas cosas por hacer y por hacer crecer…”

Veinte mil bicicletas se usan mensualmente en Síclo. En un año y medio, tiene tres sucursales, además de un Pop Up en Acapulco. “Estoy orgulloso de haber creado una empresa que va a mejorarle la vida a la gente, así sea en términos físicos, y que es por lo menos diez veces mejor que cualquier otra similar que haya habido. Creo que Síclo cumple con las dos características. Y ser dueño de mi propio negocio me ha hecho ser mejor inversionista”.

En 2006, De Garay quedó a la cabeza de un fondo de inversión de 100 millones de dólares porque quien lo dirigía salió de GBM. Tenía 25 años. “En 2008 vino la crisis más grande que me había tocado y el fondo perdió 40 por ciento. Fue durísimo. Despertaba y el fondo estaba cinco por ciento abajo, al día siguiente estaba otro cinco por ciento abajo, y seis u ocho o diez por ciento un días tras otro. No había uno mejor. Hoy, el fondo vale casi 300 millones. Ha sido a través de retornos”.

__¿No te asusta el dinero, manejar tanto dinero?

__Yo veo el dinero como un índice, como un instrumento de medición. Lo que me asusta es que perder el dinero de gente que ha trabajado mucho y que ha confiado en ti para que lo inviertas… Lo que me angustia es tomar malas decisiones, no perder dinero. En 2008 perdimos pero ganamos al final, es decir que supimos aprovechar la crisis. Me hubiera preocupado mucho más haber tomado una mala decisión del tipo de salir corriendo, venderlo todo y apanicarme. Por fortuna no fue así.

En el mundial de Corea y Japón apareció en la primera plana del periódico Reforma el rostro de un muchacho afligido, con los colores de la bandera pintados en la cara. Se leía en ocho columnas “Canta y no llores”. Era Pedro de Garay.

Es un aficionado del futbol como hay cada vez menos. Ve todos los partidos que puede, de todas las ligas. No discrimina. “Así sea la liga de El Salvador. Lo que encuentre, me lo echo. Me gustar verlo, discutirlo, jugarlo, aunque lo juego muy poco. Me encanta ir a ver los partidos al estadio. Le he dicho a mi papá que compremos un equipo, pero no se deja…”

El mayor de los hermanos De Garay, Alonso, arquitecto de profesión, también vivió unos años en Nueva York. Quería poner “el mejor restaurante mexicano fuera de México, una idea muy romántica en la ciudad más competida del mundo y sobre todo para un restaurante”.

Alonso hizo parte del proyecto a sus dos hermanos y se encontró con el resto de los socios, amigos de la infancia con quienes unieron esfuerzos y quienes se comprometieron con la operación diaria del negocio.

Juntos buscaron a Enrique Olvera, uno de los titanes de la cocina mexicana, que compartía el sueño de abrir su propio restaurante en la ciudad más poblada de los Estados Unidos.

En 2014 fue inaugurado Cosme y un año después fue nombrado el mejor restaurante de Nueva York por el New York Times. Pocas semanas antes de cumplir su segundo aniversario, cenaron ahí el presidente Barack Obama y su esposa Michelle.