Opinión

¿Zonas Especiales o programa integral para
el desarrollo del sur?

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Banobras

El sábado 23 de agosto ante la plenaria del PRI y el Partido Verde, el secretario de Hacienda hizo una valiosa crítica sobre las deficiencias del crecimiento y el desarrollo económico de México, las brechas de la productividad y los límites del TLCAN en términos del desarrollo regional de México.

Explicó que el proceso trajo beneficios económicos de inversión, empleo y productividad en el norte y centro del país (mencionó Coahuila, Aguascalientes y Querétaro), pero que su impacto no se tradujo en resultados positivos para Guerrero, Oaxaca y Chiapas.

“Hay que ser autocríticos” enfatizó. “A lo largo de los últimos 20 años, con independencia de qué partido ha estado en el Poder Ejecutivo, la estrategia en el sur ha tenido un carácter dominantemente asistencial, donde se han creado programas muy positivos para abatir carencias básicas, que sin duda hacen una diferencia en la vida de las familias más pobres, pero no son promotores del empleo, de la inversión y por lo tanto del crecimiento económico”, cuestionó.

En ese contexto el presidente enviará próximamente al Congreso una reforma para crear zonas económicas especiales con el fin de promover el desarrollo en los tres estados con mayor rezago social. “Esta es una figura que nunca se ha usado en México, pero que podemos intentar con una lógica no asistencial, no remedial, sino como una propuesta verdadera para crear desarrollo donde, sin duda, hay ventajas competitivas”.

Habrá que esperar a conocer la propuesta del Ejecutivo que, según los informados, proviene de la Secretaría de Hacienda y en particular de estudios coordinados y promovidos con consultores internacionales por el Banco Nacional de Obras y Servicios Públicos.

No obstante, quisiera adelantar algunas observaciones:

1ª La problemática política, económica, social, cultural y de seguridad de los tres estados y de regiones aledañas de los estados de Michoacán, México, Puebla y Veracruz es muy compleja y requiere una visión estratégica de largo plazo y programas integrales para impulsar su desarrollo y superar viejos y nuevos desafíos, entre otros los de una rezagada población indígena. Cierto, tienen un gran potencial, pero de acuerdo con los estudios realizados, las carencias de recursos de infraestructura física, humanos calificados, financieros e institucionales, que aseguren su desarrollo, gobernanza y el Estado de derecho son gigantescas.

Además no sólo contrasta su situación agudamente con el resto del país, sino que las diferencias internas de ingreso, condiciones de vida (alimentación, educación, salud, vivienda, sanidad) y potencial empresarial son enormes entre los municipios más desarrollados de la costa y los muy pobres de la sierra o de la selva. Desconozco las propuestas de delimitación de las ZEE, pero es claro que a menos que se tenga una visión integral de los problemas y desafíos, se corre el riesgo de despertar grandes expectativas que no podrán satisfacerse y que pueden exacerbar, más que remediar o mitigar,  los actuales problemas estatales.

2ª Las ZEE datan de hace más de medio siglo en Europa, Asia, América Latina y África. A través de inversiones en infraestructura, exenciones de impuestos, tratamientos aduanales especiales, créditos preferenciales, condiciones laborales y jurídicas de excepción y arreglos institucionales, se ha buscado promover aceleradamente inversiones nacionales y extranjeras que generen empleos, exportaciones, encadenamientos positivos e ingresos para la población local y detonen círculos virtuosos en beneficio de las regiones y eventualmente de los países donde se localizan. Los resultados han sido muy variados: han habido éxitos parciales y totales, pero también fracasos rotundos, elefantes blancos en beneficio sólo de empresas constructoras.

En su modalidad reciente más destacada, que data de principios de los 80 en China, la Zona Especial de Shenzhen, en la costa oriental, fue concebida como parte de una estrategia más amplia de transición ordenada y controlada del sistema económico comunista hacia la producción de mercado con perspectiva exportadora global a partir del aprovechamiento de la mano de obra entonces abundante y barata.

Pero en esa estrategia hubo desde un principio una decisión de promover grandes proyectos de inversión extranjera con tecnología moderna y exportaciones, buscando elevar rápidamente la calificación de la mano de obra, el aprendizaje y la innovación nacional, y la vinculación hacia atrás y hacia adelante con empresas estatales y capitales privados locales para maximizar el derrame de recursos locales y la modernización de las estructuras institucionales.

Otras ZEE en China y otros países asiáticos y en desarrollo bajo el nuevo modelo (Mariel en Cuba) han corrido con diversas suertes, dependiendo de las ventajas relativas existentes y de las que han logrado crear los gobiernos y las empresas nacionales. En pocas palabras, las zonas exitosas son las que contribuyen a generar empleos y divisas en gran escala y al mismo tiempo a la transformación productiva y el desarrollo de capacidades tecnológicas, empresariales y gerenciales propias, que hacen posible elevar notablemente la productividad, la creatividad y el valor agregado nacional.

3ª Ello exige que las ZEE sean ejes de un nuevo modelo de desarrollo nacional sustentable de largo plazo que tenga efectos multiplicadores positivos en la región y en el país, y que potencien virtuosamente las zonas aledañas de México y Centroamérica. De no ser así, pueden convertirse en meros enclaves de riqueza, con grandes pérdidas de recursos para el fisco y escasas economías externas. Pueden generar incluso núcleos de corrupción y malestar social, que México no necesita agudizar, sino abatir.

4ª La creación de ZEE exige grandes inversiones públicas y privadas, que en sus primeros 10-15 años demandan compromisos programáticos sostenidos y confiables de inversión y financiamiento del gobierno nacional en infraestructura física y social que detonen la inversión privada. La situación actual del erario federal no es la mejor. Menos aún la de los estados y municipios del sur. Los programas de inversión pública para 2016 son los más bajos respecto al PIB desde 1947. Banobras, Nafinsa, Bancomext y el resto de la banca de desarrollo tienen y tendrán limitaciones serias en el mediano plazo. La competencia por los capitales extranjeros públicos y privados es enorme en el mundo y no parece haber visos de que México pueda atraerlos de aquí a 2018, aun si estuviera dispuesto a efectuar grandes concesiones.

En todo caso son varias generaciones de políticos, empresarios y actores de la sociedad civil de México y de los estados del sur los que tendrían que participar en el proyecto y hacerlo suyo, convenciéndose de que la aventura vale la pena y de que habrá una efectiva oportunidad de acceso a sus beneficios. Quizá la solución esté en pugnar por programas de desarrollo regional, mejor concebidos y administrados, no en ZEE.

La única ruta viable es que a partir de los diagnósticos existentes, la sociedad, desde arriba y desde abajo, contribuya a una evaluación ambiciosa, políticamente compleja, con los pies en la tierra, de lo que podemos aspirar en los estados del sur con los recursos y gobiernos que disponemos.

Presidente del Centro Tepoztlán AC. Exsubsecretario de Fomento Industrial y Director General de la ONUDI.

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