Opinión

'Zero Days': el virus que desató una nueva guerra mundial

 
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Zero Days. (www.theverge.com)

El documentalista Alex Gibney es uno de los cineastas esenciales de los últimos años. Prolífico, envolvente y curioso, ha abordado materias tan diversas como el escándalo alrededor del dopaje de Lance Armstrong, la caída de Eliot Spitzer, el sospechoso culto a la figura de Steve Jobs, las transas de la cienciología y la creación de WikiLeaks. Como indica Bret Easton Ellis en su más reciente podcast, en el que entrevistó al documentalista, el cine de Gibney toca temas sólo disímiles en apariencia. Su casus belli es la ilegalidad contemporánea. Los tejemanejes por debajo de la superficie. Lo que brilla por fuera, pero está podrido por dentro. En The Man in the Machine, Apple queda expuesta como una empresa que lucra con sistemas de producción inequitativos, mientras que en Going Clear, la sonrisa multimillonaria de Tom Cruise sirve para esconder una iglesia mafiosa y brutal. Con Armstrong, Gibney consiguió su mejor película porque sus temas predilectos hallaron al sujeto ideal: una estrella del deporte y el activismo que resultó ser un farsante.

Zero Days se enfoca en las acciones ilícitas del aparato de guerra cibernética de Estados Unidos. El documental arranca con el hallazgo, en Bielorrusia, de Stuxnet, un supervirus de una complejidad insólita, con un objetivo muy específico: entrar a los complejos subterráneos de enriquecimiento de uranio en Irán y destruir las máquinas centrífugas que, en teoría, le permitirían al Estado iraní ensamblar una bomba atómica. Entrevistador paciente e incisivo, Gibney se sienta frente a figuras prominentes de los servicios de inteligencia israelí y norteamericana, así como con expertos en malware como Eugene Kaspersky, para desentramar la génesis de Stuxnet, un virus que –se sabe– provino de una agencia estadounidense, lanzado con el propósito de interrumpir el programa atómico de Irán. Sus secuelas, como las de tantas intervenciones unilaterales llevadas a cabo por Estados Unidos, alentaron justo aquello que intentaban detener.

Zero Days no busca un simple sí o no por parte de los arquitectos de Stuxnet. Ni siquiera busca un porqué. El espectador sabe las respuestas desde el arranque.

'Zero Days'
Director: Alex Gibney
País: Estados Unidos
Productores: Alex Gibney y Marc Shmugerth
Duración: 116 mins.
Disponible en: iTunes y Amazon
Año: 2016

Lo que el documental logra es poner sobre la mesa un asunto más espinoso de lo que plantearía una simple historia detectivesca. A escala global, ¿qué está en juego cuando países como Estados Unidos e Israel deciden, por unanimidad, atacar a otra nación de forma clandestina? ¿Hacia dónde se dirige una sociedad que no revela sus intenciones en materias de guerra y política exterior? ¿Cuáles son los resultados de este secretismo?

Gibney no utiliza su obra como un método de denuncia, sino como fósforo para el debate. En The Armstrong Lie y The Man in the Machine, el punto no es sólo desenmascarar al múltiple ganador del Tour de France y a Steve Jobs, sino propiciar que la audiencia se pregunte por qué idolatra (o idolatró) a ambos. En el caso de Zero Days, un documental menos dinámico que los anteriores pero también más urgente, incluso necesario, las preguntas planteadas deberían formar parte central de la vida pública estadounidense.

El papel de George W. Bush y Barack Obama en el fiasco de Stuxnet es ineludible. Gibney no tiene que decirlo pero, de cara a las elecciones de este año, el brete tiene nombre y apellido. Imaginen si las armas cibernéticas, tan peligrosas como las atómicas, estuvieran en manos de un presidente nativista y fascistoide como Donald Trump.

Twitter: @dkrauze156

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