Opinión

Zacatito pal conejo

 
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Mariguana.

Gil nunca fue pacheco, cada vez que fumaba mariguana se hundía en un sueño profundo, un extraño apendejamiento dominaba su mente y su cuerpo, su alma y su espíritu. En cambio tenía amigos y amigas que juraban que un toque bien puesto era casi el paraíso. Gamés recuerda a esos amigos pidiendo un churro: zacatito pal conejo, sacarraca, vamos a quemarle las patas al diablo. Siempre en la clandestinidad y los bordes de la ley, en la sombra, no había en aquellos años fiesta en la cual no rolaran toques, toquecitos y toquezotes. El rumor hizo que Gilga se arrodillara ante la curiosidad: la mariguana te llevará al éxtasis. Así reincidió Gilga en el consumo de la hierba. De esa aventura se desprendieron un éxito y dos fracasos. En el primero hubo fuegos de artificio, en los segundos, más sueño profundo y desesperación.

Viene a cuento esta historia personal de la hierba porque si Gil ha entendido bien, se ha abierto una puerta para la despenalización de la mariguana en México. Un grupo de personas ha solicitado un amparo para crear clubes de autoproducción y autoconsumo de mariguana. El proyecto de sentencia del ministro Arturo Zaldívar en la Suprema Corte de Justicia de la Nación puede ser el picaporte de esa puerta.

Aliviánese ministro, agarre la onda. ¿Cuántas veces habrá fumado mota el inverecundo ministro de la Suprema? Mínimo sus diez, quince veces.

Se ve fresón. Gamés no ve ni oye en una fiesta de juventud decir a alguien cosas como ésta: dicen que Arturo trae una golden de mucha monta (así se le decía: golden. Gamés se siente un abuelo).

Persona, animal o cosa
Jorge Castañeda ha explicado en su periódico Milenio que el proyecto consta de dos apartados: el primero “analiza el alcance del derecho humano al libre desarrollo de la personalidad. Concluye que las conductas de asueto y esparcimiento elegidas por cada individuo se encuentran protegidas por tal derecho”. Es decir: si usted va al recreo con persona, animal o cosa y no constituye un delito que involucre a terceros, que le aproveche. Si usted quiere rentar una suite y llevar consigo mariguana y un chivo, que Dios lo bendiga. Gil siempre ha pensado que cada quien puede hacer de sus partes exteriores e interiores un verdadero papalote. Quiere usted tomarse una botella de tequila de un sorbo, hágalo, y si puede ser cerca de un hospital, mejor. Quiere usted fumarse 650 mil cigarrillos, cantidad aproximada que alcanzó la adicción de Gil, pues bon voyage.

La segunda parte del proyecto analiza, según cuenta Castañeda, “la política prohibicionista del Estado mexicano que ha restringido de forma desproporcionada o indebida ese derecho humano”. Toca a los ministros alivianarse y dejar que las gentes fumen y beban lo que les dé su regalada gana.

Adictos y sicóticos
Gamés lo leyó en su periódico Reforma: “Una eventual eliminación de la prohibición total al cultivo y uso de la mariguana para consumo personal y lúdico traerá como consecuencia un invariable aumento del número de consumidores y adictos”. Esta es la postura del doctor Fernando Cano Valle, exdirector de la Comisión Nacional Contras las Adicciones: “Si se amplía el consumo, el daño será mayor y la infraestructura del sistema nacional de salud no es suficiente (…) los hospitales de especialidad van a tener que abrir espacios para atender a las personas que tengan manifestaciones sicóticas o de trastornos de la personalidad”. Pues sí, doctor, de la misma forma en que se atiende a los pacientes con cáncer porque fumaron como tontos hasta que se enfermaron; o se ocupan pisos de cardiología, para los que han sufrido infartos provocados por el tabaco y el alcohol; o pabellones neurológicos para todos aquellos que tuvieron un accidente vascular desprendido del consumo de alcohol. En fon. Siempre será mejor despenalizar y atender a los enfermos que sumar muertos y meter a la cárcel a consumidores acusados de tráfico de drogas.

Ahora mal: tampoco se ponga mal, doctor: no todos los pachecos sufren sicosis, más bien muy pocos, los mucho muy atascados, sí; no todos los mariguanos sufren trastorno de la personalidad; es decir, la personalidad de los consumidores no cambia más que la de quienes ven el programa Hoy todas la mañanas.

Gilga se imagina a sí mismo al llegar a un hospital después de meterse un gallo entre espalda y corazón: doctor, ¿quién soy?, ¿ontoy? ¿Es verdad que Gil Gamés no existe? En el amplísimo estudio se oyó un lamento de esperanza (sí, existen los lamentos de esperanza). Ay, mis hijoos pachecos.

La máxima de George Bernard Shaw espetó en el ático de las frases célebres: “No busquemos solemnes definiciones de libertad. Ella es sólo esto: responsabilidad”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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