Opinión

Zabludovsky y los asuntos de Estado

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La muerte de Jacobo Zabludovsky ha sido lamentada por autoridades e instituciones culturales. (Cuartoscuro)

El portal de Televisa estaba repleto el jueves de información de todo tipo sobre la muerte de Jacobo Zabludovsky, quien durante 27 años condujo el noticiero 24 Horas, del lunes 7 de septiembre de 1970 al lunes 19 de enero de 1998. Fue un homenaje postmortem a su periodista estrella, maestro de toda una generación de notables reporteros, con quien se acabó toda una era en aquella empresa que nació como Telesistema Mexicano, al ser prácticamente expulsado de manera poco elegante o profesional, y bastante mal agradecida. Zabludovsky, para su mala conciencia, no desapareció. Renació a través de los micrófonos de Radio Centro, para revivir viejas culpas en esa empresa que en su muerte parecieran tratar de lavar.

La muerte de Zabludovsky revive la dinámica de la relación de Televisa con el poder a lo largo de los años. Su salida del principal noticiero de la televisión mexicana, no era el relevo generacional en la empresa. En ese caso, el mejor remplazo para Jacobo era Abraham, su hijo, no por nepotismo, sino por ser el mejor segundo conductor de la televisión de la época. Pero nunca fue opción. El sólo apellido era un recordatorio permanente de cómo el joven Emilio Azcárraga Jean se había quedado con la empresa, en una operación política del presidente Ernesto Zedillo para evitar que los herederos de Emilio Azcárraga Milmo fueran los hijos de Guillermo Cañedo, su amigo y socio por décadas.

En su blog Mediocracia, el investigador Raúl Trejo Delarbre, indiscutiblemente quien mejor ha seguido la evolución histórica de los medios mexicanos, recordó en 2008 una vieja columna del periodista Roberto Zamarripa, quien publicó detalles de una reunión el 4 de marzo de 1997 con el presidente Zedillo, en la fase terminal de Azcárraga Milmo, donde José Antonio Cañedo White, en ese entonces presidente de Televicentro, la empresa controladora de las acciones de Televisa, le dijo que al grupo le interesaba renovar “el pacto histórico entre la empresa y el Estado mexicano”.

De acuerdo con Zamarripa, Zedillo lo corrigió y aclaró que el pacto había sido entre el Estado “y la familia Azcárraga”. El presidente, que era groseramente franco, se extrañó que estuvieran los Cañedo White
–estaba también Guillermo, como presidente del Consejo de Administración de Televisa–, y le dijo a Azcárraga Jean, recuerda Trejo Delarbre, que la relación entre Televisa y el gobierno la resolverían ellos dos y nadie más. Zedillo les dijo que fueran a ver ese mismo día al entonces secretario de Gobernación, Emilio Chuayffet, quien le dijo a los hermanos Cañedo White que deberían retirarse de Televisa, “como los viejos políticos”. Estaba claro: contra el presidente no se podía.

El 30 de mayo de 1997 se celebró la Asamblea de Accionistas de Televisa, los Cañedo White y los Alemán vendieron todas sus acciones.

Con el apoyo de Zedillo, Azcárraga aumentó su participación accionaria de 10 a 50.3 por ciento, con lo que se quedó con el control de la empresa. Los asuntos de Televisa nunca habían sido meramente empresariales. Las concesiones de la televisión las fue otorgando el presidente Miguel Alemán a Rómulo O’Farril en 1950, a Emilio Azcárraga Vidaurreta al año siguiente, y a Guillermo González Camarena, inventor de la televisión en color –utilizada en la transmisión de televisión de la llegada del hombre a la luna– en 1952, que se fusionaron en Telesistema Mexicano hace 59 años.

El presidente Zedillo hizo todo por ayudar a Azcárraga Jean en la nueva empresa. En el libro que escribieron en 1994 los entonces corresponsales de The New York Times en México, Julia Preston y Samuel Dillon, Opening Mexico. The Making of a Democracy (“La Apertura de México. La Construcción de una Democracia”), revelan las palabras de Zedillo en la reunión referida por Zamarripa: “Emilio, tu padre me pidió que te ayudara y que mirase por ti... Entre el gobierno y la familia Azcárraga siempre ha existido un pacto, comenzando por tu abuelo, luego con tu padre. Ahora tú tienes esa responsabilidad… Pero la situación está cambiando, y necesitamos ajustarnos a la nueva realidad”.

Explicó Trejo Delarbre: “El presidente Zedillo se sentía más cómodo tratando con Azcárraga Jean, que apenas tenía 29 años, y no con otros propietarios del consorcio. Aparentemente también consideró que a la estabilidad del sistema político le convenía más una empresa televisiva sólida y no afectada por tensiones internas. Como quiera que fuese, distintos testimonios confirman que en el transcurso de aquel 1997 (por cierto, en vísperas de las elecciones intermedias que habría en julio), Zedillo se erigió en mandamás de las decisiones en Televisa”.

Durante el gobierno de Zedillo, Televisa fue un instrumento estratégico para enjuiciar públicamente al expresidente Carlos Salinas y convertirlo en un dispositivo de distracción de la atención pública ante la crisis financiera de 1994-1995. Al terminar el sexenio zedillista, entraron a trabajar a esa empresa, entre los más notables excolaboradores del presidente saliente, José Luis Barros Horcasitas, jefe de los redactores de sus discursos, y actualmente presidente del Consejo de Autorregulación y Ética Publicitaria –donde representa a Televisa–, Leopoldo Gómez, que trabajaba con el jefe de Oficina de Zedillo, Luis Téllez, y que es el vicepresidente de Noticias de Televisa, y Javier Tejado, que trabajaba bajo ellos dos en Los Pinos, y hoy es el abogado de la empresa en materia de telecomunicaciones.

La salida de Zabludovsky formaba parte de toda aquella operación política. Su muerte este jueves, cierra el capítulo, pero no la memoria.

Twitter: @rivapalacio

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