Opinión

Yunes y la teatralidad contraproducente

  
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Yunes Linares. (Cuartoscuro)

Antes de ayer, Miguel Ángel Yunes era gobernador electo. O sea, era un ciudadano en vías de convertirse en gobernante, pero a final de cuentas sólo un ciudadano.

Este jueves, apenas rindió protesta, el expriista hizo algo propio de un milagro bíblico: anunció que había recuperado mil 250 millones de pesos de lo que, supuestamente, Javier Duarte se había robado.

Una de cuatro: Yunes tenía antes de ayer poderes extralegales y durante meses trabajó en 'recuperar' esos montos (no descartable, sobre todo si te ayudan en la Segob); o es el litigante más rápido de la historia (juicios y procedimientos que suelen eternizarse se resolvieron, y encima a su favor, en cuestión de minutos); o su anuncio es pura demagogia (como si siguiera en campaña); o hay en su declaración verdades a medias de las que precisamos muchas explicaciones.

Javier Duarte es un prófugo de la justicia, pero es necesario tener presente que hoy no es, legalmente hablando, un criminal. Eso sólo lo determinará, si llega a ser presentado ante un tribunal, un juez. Y eso ocurrirá sólo después de un juicio. Nos guste o no, nos caiga bien o no, ese es el camino obligado que tenemos que recorrer en el caso Veracruz con Duarte.

La sociedad sólo podrá confiar en las instituciones si atestigua procesos surgidos de instancias que actúan de manera pulcra y exhaustiva, y siempre en estricto apego a la ley.

Ese tipo de procesos, por definición, son tardados, requieren profusa documentación, demandan largos recorridos en los juzgados, y no hay garantía de que los presuntos criminales no se salgan con la suya, bien porque no se reúnen las pruebas suficientes, bien porque tengan mejores abogados que el gobierno, bien porque ellos no hayan firmado nada, etcétera.

Ahora bien, mucho antes de su caída, Javier Duarte ya había perdido el respeto de los veracruzanos.

De manera soez, durante años persiguió a detractores, permitió el clima de impunidad que se ensañó con los periodistas, y desestimó todo tipo de denuncias sobre la violencia. Su frase de que la inseguridad en Veracruz no pasaba del robo de unos frutsis y unos pingüinos lo pinta de cuerpo entero en su soberbia.

Desde que en mayo Animal Político revelara el esquema de empresas fantasma que sirvió para desvíos multimillonarios en Veracruz, se han conocido todo tipo de presuntas propiedades y presuntos socios de Duarte en supuestas operaciones ilegales.

Precisamente, a Animal Político le llevó meses el documentar la existencia de esas, las primeras de muchas empresas fachada que ahora sabemos que se crearon para defraudar.

En el mismo sentido, al nuevo gobierno estatal, al señor Yunes y a la Federación les podría llevar meses, en el mejor de los casos, armar el expediente que haga una verdadera justicia a los veracruzanos. Y eso no garantiza que todo vaya a salir bien.

Porque lo único que hoy no le falta a Veracruz es una política a escobazos. Esa entidad ha sido víctima de saqueos en, al menos, dos sexenios. Nadie debería exigirle al señor Yunes que resuelva en unos pocos meses la situación que ha heredado. Eso sería, literalmente, imposible.

Sobre todo porque lo que realmente necesita Veracruz es la reinstalación de la legalidad, un retorno a las instituciones, intentar que la confianza de los ciudadanos vuelva al sistema.

Y el sistema es mucho más que el gobernador en turno.

Es evidente que Duarte destruyó un gobierno y la confianza ciudadana en el mismo. Pero desplantes y declaraciones estridentes no van a reconstruir ni el sistema ni la confianza. Ojalá Yunes lo entienda.

Twitter: @salcamarena

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