Opinión

¿Ya ganó Hillary?

    
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Hillary Clinton

La candidata demócrata heredó una perspectiva óptima del Colegio Electoral. Los votos que necesita para triunfar se localizan en unos cuantos estados en los que su partido tiene una ventaja desde las dos elecciones anteriores. Además, la tendencia demográfica en esos territorios indica que el tipo de votante más cercano a los demócratas (poblaciones negras e hispanas, sobre todo) tiende a crecer.

La ex primera dama lleva doce años en campaña abierta. Aunque Obama la superó en 2008, ella tuvo la habilidad para mantener y hacer crecer la coalición que la apoya. De hecho, se convirtió en la candidata 'natural' y corrió durante mucho tiempo sin rival a la vista. Incluso el vicepresidente Biden, un político de gran trayectoria y con buena imagen entre el electorado, decidió no entrar a la contienda y dejarle el campo libre. Obama, por su parte, se abstuvo de apoyar a cualquier otro prospecto.

Teniendo el control del Comité Nacional de su partido, aprovechó para impulsar la carrera de una nueva generación de alcaldes y congresistas, con los que fue construyendo un aparato político muy eficaz.

Por si fuera poco, cuenta con un notable cuerpo de asesores, proveniente de los gabinetes de su esposo. Sus propuestas de política económica están respaldadas por los grandes intereses económicos. Las de política exterior cuentan con la avenencia de diplomáticos y generales, así como con la de los principales aliados de Estados Unidos.

Se le identifica como portaestandarte de las causas feministas y se le reconoce su interés por la infancia. Todos saben de su preocupación por la reforma del sistema de salud y de sus iniciativas para mejorar las escuelas.

La respaldan lo mismo figuras del deporte que estrellas de Hollywood, escritores y artistas, científicos y astronautas.

Junto con ella hacen campaña un presidente con bastante aprobación; una primera dama que es el personaje más admirado por la gente de color; un Vicepresidente con gran capacidad de persuasión; un expresidente reconocido por su habilidad política; un candidato a vicepresidente que habla un español perfecto y; hasta su contendiente interno, Bernie Sanders, que la acerca a los jóvenes.

Los medios es general simpatizan con ella y la mayor parte de los periódicos se declararon a su favor. Desde el principio ha estado adelante en las encuestas y las apuestas.

Su campaña es la más sofisticada que se haya visto. Todo en ella es high tech. Por medio de modelos matemáticos los electores son identificados en sus motivaciones y preferencias; en función de ello son abordados por promotores pagados, cuyos dispositivos móviles los van guiando en su interacción con ellos, dependiendo de sus preguntas o respuestas. Posteriormente, les van enviando recordatorios para asegurar que el 8 de noviembre lleguen a las urnas.

Cuenta con 291 oficinas sembradas por todo el país y su aparato logístico (aviones, autobuses, equipos de cine y televisión) es impresionante.

En el cuartel de Brooklyn van viendo en tiempo real el avance de la campaña y toman decisiones oportunas sobre inserción y dosificación de anuncios de televisión o digitales. La producción de los mismos es impecable.

Gracias a modificaciones legales, posteriores a la última elección, los límites permitidos al financiamiento privado de las campañas se flexibilizaron, permitiendo contribuciones millonarias. Eso explica que nunca un candidato tuvo, en el último mes de campaña, la bolsa de dinero de la que ella puede disponer.

En contraste, Trump ha llevado una campaña signada por la improvisación y la falta de profesionalismo. El desbalance en recursos es evidente. Por cada diez anuncios de televisión de ella, aparece uno de Donald. Su equipo es menor en número y experiencia y su operación en tierra es raquítica. Hasta hace dos meses no tenía oficinas en los estados clave (Florida, North Carolina, Pennsylvania, Ohio).

Su partido lo apoya simbólicamente y algunos sectores lo ven tan negativamente que reconocen que votarán por Hillary. Muchos de quienes a regañadientes lo aceptaron como mal menor, ya se arrepintieron.

Donald se autosabotea. Ha ofendido a todos los grupos sociales que ha podido y ha mostrado una personalidad poco idónea para ocupar la Oficina Oval. Su vulgaridad suscita rechazo y su temperamento asusta a la gente.

Entonces, ¿ya ganó Hillary?

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