Opinión

Y su nieve, ¿de qué la quieren?

Ayer, uno de los hombres más emblemáticos del sindicato petrolero se deschongó. Se trata del diputado Ricardo Aldana. Es uno de los hombres más relevantes del sindicato después del aficionado a los buenos relojes y yates, Carlos Romero Deschamps.

Ayer, Aldana (quien no es un orador frecuente en las comisiones en las que participa ni en el Pleno de los diputados) se lanzó a pedirle al gobierno federal que de plano asuma los pasivos laborales de Pemex.

Resulta que en todo este jaleo de convertir a Pemex y CFE en empresas productivas del Estado, y más con la autonomía que quieren darle los diputados –según la modificación que ayer hicieron a la minuta de los senadores– se prendieron las alarmas del sindicato.

La modificación que ayer hicieron los integrantes de la Comisión de Energía de los diputados señala que el consejo de administración de cada una de las empresas productivas del Estado autorizará los tabuladores, la estructura orgánica, políticas de recursos humanos y su propio presupuesto.

¿Y nosotros dónde leemos?, fue lo que dijeron los dirigentes sindicales.

El tema del pasivo laboral no es pecata minuta. Más bien es pecado grandote. De acuerdo al último reporte de Pemex a la Bolsa, asciende a ¡Un billón 130 mil 54 millones de pesos! Se trata de las obligaciones de la empresa con los jubilados actuales y futuros, en función del contrato colectivo y de las proyecciones actuariales.

Pero además, este monto va creciendo 10 mil 846 millones de pesos por trimestre.

Lo que pide Aldana a nombre de los frugales dirigentes del sindicato petrolero es que este billón de pesos, que hoy es una deuda de Pemex, deje de serlo y se convierta en una deuda mía y de usted, y de sus hijos y de los 120 millones de mexicanos.

Los petroleros han pensado: ¡no vaya a ser! Imagine usted que de repente, sujeta a la competencia con empresas que no tienen un dirigente sindical que usa aviones privados para pasear a su hija y a sus perros, Pemex vaya a decir: ni modo señores, la única manera de hacerle frente a firmas como Shell, Exxon, Petrobras o la china Sinopec, es apretándonos el cinturón.

No, ¿cómo cree? Tragedia nacional.

Lo más simpático (¿o dramático?) de este caso es que los legisladores de los partidos de la izquierda que piden que no vengan los cambios asociados con la reforma energética, están defendiendo que los pobrecitos petroleros no pierdan sus conquistas laborales.

Hombre, si se trata de un logro de todos los mexicanos.

Entre trabajadores activos y jubilados de Pemex hay cerca de 230 mil personas. Esto quiere decir que el pasivo laboral implica un adeudo de alrededor de 4.9 millones de pesos con cada trabajador.

Cuando se ven estas cifras, se entiende la posición de Ricardo Aldana. ¿Quién va a querer perder un fondo para jubilarse de esa magnitud?

Esperemos que los legisladores no vayan a creer que es mejor pagar el precio de dar gusto a Aldana y colegas para que no hagan ruido con la reforma energética.

No tenemos por qué pagarles ni su nieve ni su barquillo. Ni sus aviones, ni sus relojes, ni sus viajes.

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