Opinión

¿Y si Dr. Q se hubiera quedado en México?

 
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Alfredo Quiñones Hinojosa. (http://www.doctorqmd.com/)

Alfredo Quiñones Hinojosa es un migrante. Un migrante como los más de 11.5 millones de personas nacidas en México que en algún momento se fueron a Estados Unidos buscando mejores oportunidades que las que su país les ofrecía. Alfredo, el mayor de seis hermanos, nació en Mexicali y empezó a trabajar desde los cinco años para contribuir a los ingresos de la familia. Siempre fue un buen estudiante y a los 18 pudo graduarse como maestro.

A los 19 años decidió cruzar la frontera y probar suerte. El día que lo intentó la policía lo detuvo y lo regresó. Pero ese mismo día lo volvió a intentar y lo logró. Literalmente brincó la barda y se quedó en Estados Unidos. No hablaba inglés y no tenía dinero. Trabajó en California como campesino y pintor, viviendo en un tráiler con otros miembros de su familia. Poco a poco, gracias a las ganas de superarse —a pesar de todas las voces que le decían que no lo hiciera— regresó a estudiar, aprendiendo inglés y ayudando a otros migrantes a aprender matemáticas y ciencia.

Un día de abril de 1989, cuando tenía 21 años y trabajaba como soldador en una empresa ferroviaria, se cayó a un tanque vacío de petróleo y terminó en terapia intensiva intoxicado por los gases que inhaló durante el accidente. Quizás tomó un par de años, pero ese fue uno de los parteaguas que cambió su vida. En 1992 renunció a su trabajo y entró becado a la Universidad de Berkeley, donde se graduó en sicología. Su tesis en neurociencias obtuvo mención honorífica y decidió seguir estudiando. Con el apoyo de mentores que detectaron su talento, solicitó entrar a la Universidad de Harvard para estudiar medicina. La Universidad lo aceptó sin reparo alguno y le otorgó una beca.

Él mismo dice que la entrada a Harvard le cambió la vida. Ahí empezó a tener contacto con los mejores en su campo, teniendo acceso a profesores del más alto nivel y rebotando ideas con ganadores del Premio Nobel. Ahí, de acuerdo a su relato, dejó de sentirse invisible.

Por primera vez sintió que su opinión contaba y que podría convertirse en neurocirujano. Durante su estadía en Harvard obtuvo la ciudadanía estadounidense. Al terminar sus estudios de dedicina, el doctor Alfredo Quiñones fue a hacer prácticas más sofisticadas a la Universidad de California, en San Francisco.

La historia de éxitos no cabría en el espacio de este artículo. Dr. Q, como se le conoce, es autor de varios libros de texto, ha escrito capítulos en más de 50 libros, publicó su autobiografía Convirtiéndome en Dr. Q: Mi viaje de trabajador indocumentado a neurocirujano y actualmente está desarrollando el primer video atlas de la neurocirugía.

Practica neurocirugía en la Clínica Mayo; dirige varios programas de investigación médica, como el programa de cirugía de tumores cerebrales en Johns Hopkins. Además, es profesor de neurocirugía, neurociencias, oncología y medicina molecular e investigador destacado en todas esas áreas. Todos estos logros a la corta edad de 48 años.

Dr. Q es un migrante. Uno entre millones. En Estados Unidos hay más de 33.7 millones de personas que se identifican como mexicanos.

11.5 nacieron en México y el resto tienen origen mexicano. Prácticamente dos tercios de la comunidad hispana en Estados Unidos es mexicana. Más de la mitad de los que migran al norte lo hacen con algún tipo de documento, alguna visa o permiso, y se quedan ahí cuando el documento expira. El 41.6 por ciento entra sin documento alguno (ese era el caso de Dr. Q). Migran más hombres que mujeres y la mayoría se ubica en Texas y en California.

La historia de Dr. Q es excepcional. Es una historia plagada de logros y de éxitos. Pero es una historia sin atajos, una historia con esfuerzos y obstáculos en cada etapa del camino. Es una historia que invita a la reflexión y a la imaginación.

Él mismo dice que hoy opera cerebros, y cambia vidas, con las mismas manos con las que recogía jitomates a su llegada a Estados Unidos.

¿Qué hubiera pasado si Dr. Q se hubiera quedado en México? ¿Habría encontrado algún mentor que se diera cuenta de su talento? ¿Podría haber desarrollado su potencial? ¿Podría haber obtenido todos los logros que ha obtenido?

Hoy vemos con gusto cuando se incrementan las remesas que llegan al país. Al parecer no nos damos cuenta de que esas remesas son un pequeño reflejo monetario de todo el talento que hemos permitido que se vaya, que hemos expulsado por no ser capaces de dar las oportunidades para que los niños y los jóvenes desarrollen su potencial.

El talento se distribuye de forma aleatoria entre la población. ¿Cuántos Dr. Q habremos expulsado? ¿Cuántos Dr. Q tendremos en el país sin darnos cuenta de su potencial?

Ojalá que llegue el momento en el que podamos 'generar' más Dr. Q. Esa es la verdadera reforma educativa. Esa será la reforma educativa que necesitamos.

Para más información, ver http://www.doctorqmd.com/

La autora es profesora de economía en el ITAM y directora general de México ¿cómo vamos?

Twitter: @ValeriaMoy

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