Opinión

¿Y quién saldrá a interpelar a Francisco?

 
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Papa Francisco

La entrevista sui géneris que le hizo Andrés Beltrano de la agencia Notimex al Papa el pasado 22 de enero en su residencia de Santa Marta en el Vaticano, muestra que el obispo de Roma aprovechará su próxima visita para profundizar sobre aquellos aspectos que la dirigencia no quisiera hurgar y remover. Concretamente, todo aquello que forma el México negro.

El sacerdote ha sido clarísimo: “el México de la violencia, el México del tráfico de drogas, el de los cárteles, no es el México que quiere nuestra madre (de Guadalupe)”. Y bien lo sabemos, la actual administración hace lo que puede para tratar de dar una imagen diferente: la de un país pujante, atractivo para la inversión, el turismo y el empleo. Las reformas han buscado trazar un camino de cambios y de expectativas mayores; Hacienda, Relaciones Exteriores y Economía buscan afanosamente sembrar las espigas que lleven a florecer en corto tiempo nuevas avenidas y espléndidos bulevares. Las giras internacionales por todos los continentes quieren dar una cara de modernidad y dinamismo.

Pero nada de eso parece ser suficiente, diversos errores y fallas inexcusables, han creado una percepción opuesta; de hecho, se ha creado un monstruo interno que se niega a dirigirse hacia las metas señaladas. Aún más, si pudiera aniquilaría lo ya andado y masticaría todos los esfuerzos por mejorar el país. De eso precisamente habla ya el pontífice, veamos cómo lo dice: “no quiero tapar nada de eso, al contrario, exhortarlos a la lucha de todos los días contra la corrupción, contra el tráfico, contra la guerra, la desunión, contra el crimen organizado, contra la trata de personas”. Es la misma voz, ideas y vehemencia que tenía el cardenal de Buenos Aires; nada lo detenía, blandía su espada contra los obstáculos que tenía la Argentina. No es gratuito que Jorge Mario Bergoglio ocupe hoy el trono de San Pedro.

Hay en sus dichos, previos a la visita, una receta, un consejo, o una crítica. Depende del ángulo en que se quiera colocar quien lo lee: “la paz nace con la ternura, de la comprensión, la paz nace o se hace con el diálogo, no en la ruptura y esa es la palabra clave, el diálogo.

Diálogo entre los dirigentes, con el pueblo y entre todo el pueblo”. De aceptar estas frases, nuestra dirigencia tendría que analizar si se ha cumplido con ese precepto rector, ¿qué tanto ha faltado, cómo cumplirlo y, sobre todo, ampliarlo y robustecerlo. O bien, por el contrario, desecharlo ya que quien lo dice sólo es un cura, cierto de la grey católica, pero un cura al fin y al cabo con todo lo que eso significa.

Ahora bien, mientras se le brinde la recepción y el trato de un jefe de Estado las cosas son de otra manera. ¿Se está inmiscuyendo en asuntos estrictamente nacionales y que solamente competen a nosotros los mexicanos o bien, toleraremos a un argentino que diga lo que quiera? Si elegimos la tolerancia, seguramente será por el carácter que tiene la visita: es el representante de Cristo y por ello, aceptaremos lo que diga de buena manera; es decir, veremos que se preocupa por nosotros, reza por nosotros y quiere el bien mayor para la población al igual que lo hicieron sus predecesores Karol Wojtyla (Juan Pablo II) y Joseph Ratzinger (Benedicto XVI). Ellos también voltearon sus ojos hacia nosotros y de paso, estimularon una veta que nutre bien a la Iglesia Católica: las vocaciones de esos jóvenes que difícilmente se dan en números importantes en América del Norte y especialmente en Europa.

Como se vea, el Papa Francisco no vendrá estrictamente en carácter de pastor ni de humilde peregrino, vendrá con la fuerza que le dan los millones de mexicanos que profesan una religión de la cual él es la cabeza y quienes esperan, por supuesto sus bendiciones pero también la esperanza de tener una vida que nuestro sistema no les proporciona y que, a muchos, los ha obligado a salir de nuestra fronteras buscando ese anhelo.

¿Habrá alguna autoridad que quiera confrontar sus dichos?

¡Bienvenido su Santidad!

Twitter:@RaulCremoux

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