Opinión

Y Morante... detuvo el tiempo


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Morante de la Puebla

Morante de la Puebla, lo he dicho una y otra vez, es un genio de nuestro tiempo, un hombre con alma de artista, con esencia y sensibilidad. Vive la vida guiado por el corazón, por sus sentimientos y emociones. Nació torero, lo trae dentro y no lo puede evitar, no lo puede negar.

En ocasiones incomprendido por quienes creen que a veces no quiere. Pensamiento atroz que un artista reprima los sentimientos que le dan vida y razón a su existir. La tauromaquia es un arte y por lo mismo es inmedible; cada alma tocada por las emociones que despierta una obra en el ruedo, valora y se lleva en el corazón lo que vive en la plaza.

El domingo 17 de enero se encontró en el ruedo de Insurgentes “Debutante”, de la ganadería de Teófilo Gómez, con Morante de la Puebla, sevillano, artista universal y hombre auténtico que vive bajo sus principios e ideales, algo que muy pocos en este mundo son capaces de hacer y eso a muchos les frustra.

La faena comenzó como un cortejo. El toro contaba con una gran cualidad: la nobleza al embestir. Si bien no era el prototipo de toro que muchos aficionados anhelan, aquel animal cuya agresividad al embestir provoca la sensación de peligro en el ruedo, esta templada tarde de enero el peligro radicaba en que no se consumara la obra. La nobleza es una de las cualidades que deben tener los toros en su bravura, sin la nobleza la bravura es genio. La agresividad de un toro al embestir tan franco y despacio a los engaños radica en evidenciar si el torero sabe torear o no; esto es más peligroso para el torero que las embestidas fuertes y agresivas de algún toro. Cuando el toro aporta calidad, el torero debe de ser capaz de complementar la obra y eso es más peligroso para los diestros que los derrotes y las cornadas. Una herida en el alma es peor que una herida en la carne.

Se unieron dos voluntades, una de ellas la del artista para crear y expresar (por medio de sus mágicas muñecas) la grandeza del toreo. Ver a Morante es como repasar distintos capítulos de la tauromaquia, nos brinda momentos de Goya, de Belmonte, de Pepín Martín Vázquez, de Ordóñez y De Paula; de lo más antiguo y clásico, hasta lo nunca visto. Por parte del toro hubo la colaboración de la humillación en la embestida, “Debutante” no tenía la fiereza, pero sí la bravura para seguir los engaños muy despacio; parecía que el toro se desencantaba cuando perdía los mágicos vuelos de la muleta de Morante; cuando el sevillano le volvía a enamorar con la suavidad de sus toques, “Debutante”, entregado, humillaba para bajar sus pitones y seguir a ritmo lento y cadencioso la muleta, siendo un colaborador y protagonista de una obra de arte de altos vuelos.

Se rompieron las distancias, toro y torero estuvieron siempre juntos, sus cuerpos a pocos centímetros uno del otro, unidos, pero sin tocarse. Como la mejor escena erótica de alguna película francesa. Fue una borrachera estética, una melodía visual sin tiempos muertos, pero sí con distintos ritmos. Toro, torero y público estuvimos unidos por un sentimiento: el arte de torear.

La obra estuvo basada, como la tauromaquia misma, en el valor. Para torear como lo hace Morante se necesita mucho valor. Hay que olvidarse del cuerpo, utilizarlo sólo como hilo conductor del sentimiento y es este último el que marca las formas, tiempos y ritmos de la obra. Compenetrarse con el ritmo y la velocidad del toro, que a su vez obedece a los toques sutiles y precisos de las muñecas. Colocar el cuerpo donde muchas veces ni la lógica ni el instinto de supervivencia recomiendan. Ese es el verdadero valor.

Estéticamente la faena nos regaló imágenes que perdurarán toda la vida, juzgarla o intentar encontrarle defectos no tiene ningún caso, es una pérdida de tiempo. Recordar la emoción vivida es su auténtico valor, ser conscientes del privilegio que es poder disfrutar en vivo a un genio de la tauromaquia, al que la historia dará su peso y justa dimensión.

El domingo en La México vimos torear despacio, con arte y sentimiento. El domingo en La México, Morante detuvo el tiempo.

Twitter: @rafaelcue

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