Opinión

Y después del TLCAN, ¿qué?

 
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Qué sigue tras el TLCAN. (Especial)

Donald Trump es capaz de convertir las amenazas en un programa de trabajo.

Sus nuevas declaraciones, ahora a la revista Forbes, confirman que no es imposible que, en el curso de los próximos días o semanas, notifique la salida de EU del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLCAN).

Ante ello, Thomas Donahue, presidente de la Cámara de Comercio de Estados Unidos, quizás el organismo empresarial más importante de la Unión Americana, anunció que su organización luchará “como demonio” para impedir el fin del acuerdo, de ser necesario acudiendo al Congreso o incluso a la Corte. Asunto de ellos, y ojalá que consigan atarle las manos a Trump para frenar su ansia de terminar con el Tratado.

El caso del presidente de Estados Unidos es el de un personaje gobernado por la irracionalidad.

Llegó al poder gracias a que sus contrincantes pusieron a la peor candidata que encontraron, casi la única que podía perder con un personaje como Trump.

Y ahora, Trump está dispuesto a suicidarse políticamente. Podría terminar un acuerdo que ha sido absolutamente exitoso para Estados Unidos y que beneficia a la mayoría de sus electores.

Y eso (y otras cosas) a la vuelta de los meses y los años le va a costar la presidencia de Estados Unidos. No hay que ser adivino para anticiparlo.

Pero, aun si no lo hiciera en los próximos días, en México tenemos que asumir ya que se acabó. Será sólo cuestión de tiempo.

El TLCAN vive sus últimos meses en esta etapa. Ya no hay nadie sensato que piense que lograremos terminar bien la renegociación.

Hay que recordar que tras la denuncia que interponga el gobierno de Estados Unidos, tendrán que pasar seis meses antes de que el Tratado concluya, así que quizás hacia abril del próximo año será cuando el arreglo comercial de Norteamérica tenga que modificarse.

No podemos hacernos ilusiones y pensar que el fin del Tratado no va a afectar al país.

Habrá tres tipos de impacto:

a) el emocional de corto plazo, que va a depreciar el tipo de cambio del peso frente al dólar (como ya lo hizo en los últimos días);

b) el real de mediano plazo, que va a ser limitado en materia comercial porque las exportaciones mexicanas van a seguir creciendo con o sin Tratado; y,

c) las implicaciones de largo plazo que se van a entretejer con las elecciones y que van a generar incertidumbre respecto a los arreglos institucionales que tendremos a partir de 2019.

Lo que es un hecho es que para los meses que sigan a la ruptura no hay que caer en pánico. En términos concretos casi nada va a cambiar. La vida va a seguir igual.

Como aquí le hemos comentado, sólo que el fin del Tratado se combinara con un cambio de régimen en México, las consecuencias serían graves.

Si la interrupción del Tratado –a la espera de la caída de Trump– se combinara con un gobierno que diera certidumbre, el efecto sería menor.

En pocas palabras, no podemos controlar lo que suceda con el gobierno de Trump y sus decisiones. Algo se puede influir a través del cabildeo, pero con ese personaje en la Casa Blanca no hay mucho que pueda hacerse.

Concentrémonos en lo que podemos hacer internamente, que será la única manera de evitar que el impacto de un eventual fin del Tratado pueda generar un caos en la economía mexicana.

Twitter: @E_Q_

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