Opinión

Y después de la fuga del 'Chapo', ¿qué sigue?

 
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El iPad de 'El Chapo'. (Especial)

A partir de la fuga del famoso así llamado Chapo Guzmán, hace una semana, los analistas han augurado la debacle o gran deterioro por lo menos del sistema político mexicano, y particularmente de la autoridad política del poder ejecutivo y de su representante actual. Sin duda eso ha ocurrido y los efectos de tal asunto se podrán observar en los años por venir, por lo menos hasta que ocurran las próximas elecciones federales en 2018.

Sin embargo, el acontecer cotidiano de la sociedad mexicano no se ha visto trastornada de manera sustantiva con la ocurrencia de tan lamentable hecho. Lo más sustantivo es la hilaridad y la potenciación de la capacidad humorística para elaborar chistes, bromas y corridos. Y también desarrollado el sentimiento de impotencia y coraje que sentimos todos ante la incapacidad que sentimos de tener que depender de personas que entre corruptas e incapaces se disputan el liderazgo de lo indebido. Pero como decía antes, lo sustantivo continúa. La política de poner en práctica las reformas estructurales que a pesar de sus magros logros sin duda cambiarán el rumbo histórico de la economía, la sociedad y la política en México, no genera mayores comentarios e inquietudes. La fuga del Chapo es la marca de la noticia y lo que más cala es de segunda categoría.

Siempre me ha llamado la atención como esos sensacionalismos noticiosos, consetudinarios en la vida de México, alegran la vida de los estrategos profundos y audaces que festejan como lo cotidiano de México, la corrupción, la impunidad, son una buena cortina de humo para proceder con los proyectos que en realidad cambian a México y lo cambian para mal. Perpetuan y profundizan la desigualdad e incorporan al país a la lógica más nefasta de la globalización.

México, en las últimas décadas, ha vivido en la superficie en lugar de ir al fondo que es lo que soporta lo de arriba. Al Chapo no lo van a recapturar por un buen tiempo. Está protegido por los delincuentes y por los que dicen que los persiguen, así que no hay que preocuparse mucho por él sin que eso signifique claudicar en su búsqueda. Lo importante esta en luchar por atrapar los verdaderos lastres que la sociedad enfrenta y que perpetúan su statu quo. Y lo que sigue de eso es intentar movilizar a la sociedad con propuestas nuevas y positivas. No las viejas y anquilosadas consignas y acciones que hoy, cuarenta años después, grupos de oposición manifiestan en las calles bloqueando avenidas, impidiendo elecciones y más.

México necesita un overhaul en cómo decidir, cómo gobernarse, qué instituciones erigir. Otra vez, necesitamos ir al fondo. Olvidémonos sustantivamente de El Chapo y empecemos a construir una alternativa para 2018. Los actores alternativos actuales, por razones diferentes, no serán capaces de conquistar la voluntad del electorado que apoye un giro y profundo. Seguirán ganando fracciones minoritarias de la voluntad ciudadana y el statu quo, con El Chapo Guzmán fugado y nuevos líderes gangsteriles en la lista de la policía como los más buscados, seguirá imponiendo más y más profundas transformaciones nocivas para el bienestar de los grandes grupos de pobres de México.

Lo que sigue entonces, después de la fuga del Chapo Guzmán, no sólo es más de lo mismo, seguirán peores cosas que las que ya hemos vivido en los últimos cuarenta años. Lo logrado por el presidente al inicio de su gobierno es, sin duda, una segunda generación de reformas de mucho mayor calado que el liberalismo light, así calificado por Gil Díaz, logrado en los ochenta y en los noventa.

México necesita cambiar y bastante. El mundo globalizado nos urge a hacerlo. El problema estriba en que hemos hecho los cambios que favorecen a otros. Y la deficiencia está en que no hemos aprovechado la oportunidad de usar ese espacio global para imponer ventajas a nuestro favor. Da vergüenza como países en América Latina de mucho menor calado que México, como Ecuador, Bolivia, Uruguay, hayan logrado hacer oír su voz con mayor firmeza y éxito ante el mundo que los mexicanos. El presidente Correa es, sin duda, un gobernante mucho más digno ante el mundo global que su contraparte mexicana.

No usemos el escape peliculesco del Chapo para el ocultar nuestro basurero de la política y la deuda social. Pongámoslo en sexta plana e insistamos en los sustantivo.

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