Opinión

¿Volverá el PAN a ser el PAN?

 
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Héctor Larios. PAN. (Alejandro Mélendez)

Presidente de Sociedad en Movimiento.

Los partidos políticos, al menos los dos más importantes, porque el tercero –léase PRD, se está desgajando- velan sus armas, renuevan sus dirigencias y se aprestan a la gran lucha del 2018, sin menospreciar el reto del 2016 en donde, entre otras cosas, se eligen a 15 nuevos gobernadores.

Andrés Manuel López Obrador, viejo zorro que –puedo apostarlo- intentará por tercera ocasión llegar a la Presidencia de la República, vela sus armas también buscando, seguramente, conservar la posición de liderazgo que tiene en este momento en su partido para ocupar esa codiciada posición. Pero los candidatos fuertes, aún no declarados pero con las orejas bien levantadas, inician de hecho su campaña: Margarita Zavala, Manlio Fabio Beltrones, ¿Miguel Angel Mancera? y los que se acumulen en los próximos meses. López Obrador siempre está en campaña.

Ricardo Anaya, recién electo Presidente del PAN, enfrenta el reto de reconstruir a su partido, que se encuentra –que yo recuerde- en la peor posición en su historia, debido a actos de corrupción inexplicables y a la pérdida de los principios que durante tantos años, como oposición, lo caracterizaron. Tomó el poder durante 12 años y no supo manejar éste con la misma habilidad que lo caracterizó cuando estuvo como partido de oposición. Efectivamente, es mucho más sencillo oponerse al poder, que ejercer este último y pasar a ser blanco de los ataque de sus contrincantes y/o enemigos políticos.

Conciliar al interior del partido, cohesionar, recuperar la imagen perdida, definir la estrategia a seguir, incorporar la ética al actuar partidario, evitar la manipulación de Gustavo Madero a través, entre otras cosas, de su hombre fuerte Marko Cortés, quien trabajará hombro con hombro con el propio Ricardo Anaya, serán algunos de los retos que enfrentará este hombre en su calidad del Presidente de su partido.

Ricardo Anaya da un nuevo aire vivificador a su anquilosado Partido. Es sin duda una esperanza, una esperanza que pronto podrá demostrar si se trata o no de una verdadera esperanza y no de una esperanza fallida, otra más.

¿Podrá este joven dirigente contribuir a mejorar el prestigio perdido de los partidos políticos? Duro trabajo, muy duro. La ciudadanía no cree en los partidos políticos y se revela frente a ellos.

Efectivamente, en la encuesta celebrada por el Grupo Reforma entre el 23 y el 26 de julio del presente año se muestran, entre otros, dos datos dramáticos (por lo menos esa fue mi sensación): la desconfianza de los ciudadanos hacia los partidos políticos subió de abril 2013 a la fecha del 71% al 82% y la desconfianza en el Gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto pasó en ese mismo período del 51% al 72%. Comentar esta información nos tomaría un artículo completo, por lo que optamos ahora sólo en señalarlo. Pero las cifras hablan por sí mismas.

La información anterior de cabida a una nueva esperanza que empieza a preocupar a los partidos políticos: las candidaturas independientes. Me atraen, abren la esperanza a encontrar a las personas idóneas para gobernar si aquellos que tienen los méritos suficientes, que los hay muchos, optan por atreverse a caminar este difícil camino en donde las mayores piedras por razones obvias las están poniendo los partidos políticos. Pero un candidato o candidata idóneo y carismático, puede lograr un apoyo inesperado a la luz, precisamente, del hartazgo con los partidos políticos. Peligrosa figura la del candidato independiente, sin duda, pero es una apuesta finalmente en contra de los desprestigiados y multicitados partidos políticos.

¿Será la de Ricardo Anaya la lucha de Sísifo? Aquel mitológico personaje condenado a empujar sin cesar una roca hasta la cima de la montaña, desde donde la piedra volvería a caer por su propio peso. Habían pensado con algún fundamento que no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza.

Démosle por lo pronto, como ciudadanos, un voto de confianza y esperemos los resultados. Los partidos políticos, aunque nos disguste su actuar, son indispensables para afianzar la democracia mexicana. Procuremos, pues, que estos sean lo menos malos posibles ¿Será posible? ¿O será simplemente un sueño guajiro?

Mañana será otro día.

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