Opinión

Volteando a ver a China

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China

Mientras el mundo está volteando a ver a Grecia, en China se está gestando una crisis potencial que haría que la griega se viera pequeña.

En las últimas semanas se ha visto una caída importante en las bolsas chinas. El Índice Compuesto de Shanghai ha disminuido aproximadamente 28 por ciento desde el pico que alcanzó el 12 de junio. El gobierno chino ha lanzado un paquete de medidas, que suenan a decisiones de emergencia, para evitar una caída todavía más pronunciada.

El Banco Popular de China (el Banco Central) disminuyó las tasas de interés por cuarta vez desde noviembre del año pasado. El gobierno detuvo 28 ofertas públicas que tendrían lugar en estos días. Este lunes, posterior al cierre del mercado, se detuvo la cotización de 200 emisoras, sumando 745 firmas suspendidas.

Muchas más están solicitando la suspensión. También disminuyeron los requisitos de reservas que los bancos comerciales tienen que mantener como función de los depósitos y bajaron las comisiones por operaciones en bolsa. Este fin de semana se inyectaron 19 mil 300 millones de dólares a un fondo a través de 21 corredurías para intentar frenar la caída.

Hay quien dice que esta caída es únicamente un ajuste del mercado que había subido demasiado y muy rápido el año pasado, pero que no es un ajuste fundamental. Lo que parece preocupante es la intervención radical del gobierno chino. Si el ajuste fuera únicamente para corregir una sobrevaluación, no se entendería una intervención de esta magnitud. Algo estará viendo el gobierno chino que lo impulsa a actuar de esta manera.

Puede ser que el impacto de estas medidas en la economía real, en la producción, sea limitado. Se sigue pronosticando un 6.8 por ciento de crecimiento del PIB para este año, pero el costo de las medidas es alto y no deja de mandar señales de que las cosas no van necesariamente bien. Las empresas chinas están invirtiendo sus utilidades en bolsa, lo cual puede ser un indicador de que las perspectivas sobre sus propios negocios no son alentadoras.

Hay muchos eventos simultáneos en la economía china que podrían desembocar en una crisis importante. La deuda total de China, incluyendo la del gobierno, bancos, empresas y hogares, es de 282 por ciento del PIB, por encima de la de las economías emergentes y también de las desarrolladas, contando a Estados Unidos y Alemania.

El enorme crecimiento de China de los últimos años ha estado financiado por deuda. La mitad de la deuda de los hogares, empresas no financieras y gobierno está relacionada con bienes raíces. China tiene uno de los niveles de deuda corporativa -excluyendo empresas financieras- más altos del mundo; alcanza 125 por ciento del PIB.

Alrededor de una tercera parte de la deuda china, viene de un sistema financiero opaco formado por bancos o instituciones similares, y al parecer, dado que los datos no son transparentes, los créditos malos se acumulan de forma importante en estas instituciones. El mercado bancario listado es estricto en los requisitos que solicita para dar créditos. El sistema bancario no listado es todo lo contrario. La probabilidad de una serie de incumplimientos importantes se incrementa, lo que dañaría al sistema bancario y desde luego, a los inversionistas que han puesto su dinero en estas instituciones.

La intervención del gobierno chino en actividades productivas sigue siendo enorme. Alrededor de 50 por ciento del PIB de Shanghai proviene de empresas gubernamentales, mientras que el sector privado participa únicamente con 24 por ciento. Esta participación tan pesada del gobierno en la producción daña la productividad. Los ingresos de estas empresas provienen básicamente de su posición monopólica.
 
El mercado accionario y el de bienes raíces están sobrevaluados. El mercado de crédito está inflado. Está por verse si se pueden tomar las medidas necesarias para poder impedir que revienten. En una economía en la que se tendría que ir disminuyendo el apalancamiento, se están dando todas las condiciones para incrementarlo. Al parecer, el gobierno chino está desesperado por impulsar el crecimiento.

La autora es profesora de economía en el ITAM e investigadora de la Escuela de Negocios en Harvard.

Twitter: @ValeriaMoy

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