Opinión

Vivir sin petróleo

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Petroleo

Cuando le comentaba el martes que sólo hemos sido relevantes en cuestión petrolera mientras teníamos a Cantarell, me interesaba hacer notar que hemos reducido nuestra dependencia del petróleo de forma muy importante. No por nuestro gusto, pero así ha sido. Cuando alcanzamos el punto máximo de producción y exportación, a inicios de 2004, el petróleo aportaba siete puntos del PIB y un tercio de los recursos del gobierno. En 2008, con precios muy elevados, llegó a ser diez por ciento del PIB y casi 45 por ciento del gasto público. Ahora está en cuatro puntos del PIB y apenas 15 por ciento de los ingresos del gobierno.

Como decía, no ha sido por nuestro gusto, pero hay que aprovechar. Aprender a vivir sin el petróleo puede resultar de la mayor importancia para los siguientes años. Pero eso exige aguantar el ajuste en la actividad económica, por un lado, y sustituir al petróleo en el financiamiento del gobierno.

En el primer asunto, la explotación de petróleo, como actividad minera, representaba diez por ciento del PIB en los años noventa, bajó a nueve puntos en el primer lustro de este siglo, y de ahí bajó casi de manera lineal hasta llegar a seis puntos en 2013. Esto significa tres puntos del PIB perdidos en ocho años. En el último año, la caída ha sido de 0.6 por ciento del PIB. Si esa caída no hubiese ocurrido, el crecimiento de la economía hoy estaría en el 3.0 por ciento. Y en cada uno de los años desde 2005, tendríamos 0.3 puntos adicionales. Esa reducción en crecimiento es exclusivamente en producción de petróleo y gas, sin contar el efecto en la industria (petrolíferos, petroquímicos, etcétera).

Cuando se pide que se despetrolice la economía mexicana,
se olvida que esto significa una caída temporal en el crecimiento, conforme otras actividades productivas van cubriendo lo que el petróleo deja de aportar. Por décadas pedían eso, pues ya lo tenemos, y nos está costando, como le decía, entre 0.3 y 0.5 por ciento de crecimiento cada año. Y van diez.

Lo mismo ocurre con las finanzas públicas. Despetrolizarlas implica sustituir esos ingresos con otros, que no pueden ser sino impuestos. Por eso llama la atención que los mismos empresarios que criticaban la dependencia petrolera del gobierno critiquen ahora la reforma fiscal. Me imagino que dirán que no se critica a la reforma en abstracto, sino a ésta, que está muy mal hecha, y demás. En realidad, lo que lastima es que hay que pagar. Y no existe reforma fiscal que funcione si no se recauda más. Le recuerdo que este país ha sido el que menos recauda en el mundo, tal vez ocasionalmente acompañado de algún país pequeño (Guatemala, Ecuador, algún africano, etcétera).

Bueno, la reforma fiscal está recaudando más, y eso es una muy buena noticia, porque para eso era. Yo sí creo que hubo malas cosas en la reforma, como el impuesto a las calorías o el derecho adicional en minería, pero en esencia está sirviendo para lo que se necesitaba: recaudar. La recaudación en ISR ha crecido en esta administración 68 por ciento, en IVA 41 por ciento y en IEPS no petrolero 67 por ciento, todo en términos reales. El IEPS petrolero se incrementó en 38 mil millones de pesos. Gracias a eso, los ingresos del gobierno han crecido 7.0 por ciento a pesar de la caída en el petróleo.

Excelentes noticias, sobre todo cuando vemos de qué tamaño tendrán que ser los incrementos en gasto, si de verdad queremos que el gobierno cumpla lo que le estamos exigiendo. Ya platicaremos eso.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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