Opinión

Visita a un “pedacito de guerra”

 
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Marcha por Ayotzinapa del Ángel a Los Pinos. (Eladio Ortiz)

México “vive su pedacito de guerra”. Así describió el Papa Francisco lo que sucede en México. Ante esta declaración, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, le contestó que “constatará la realidad de México en su visita -agregando que- mejor información será la que aquí vea, la que aquí encuentre de parte del pueblo mexicano”.

Indudablemente, durante la visita el Papa Francisco podrá obtener información, tal vez en una forma limitada, de lo que sucede en el país.

Entre las vallas humanas, los millones de fieles que lo recibirán, las misas que oficiará y las recepciones oficiales, podrá ver algunas partes del rompecabezas de la compleja realidad que se vive en México.

Probablemente será en las reuniones privadas donde podrá evaluar otros pedazos del rompecabezas.

Pero los comentarios sobre un “pedacito de guerra” del Papa Francisco fueron bastante diplomáticos cuando uno analiza datos duros sobre la situación del país que señalan que algunos “pedacitos” del país viven una situación de guerra.

Más allá de lo que puedan señalar los índices de homicidios, secuestros y extorsiones en el país, que en los últimos años suben y bajan sin necesariamente tener una explicación clara de qué está sucediendo con la violencia e inseguridad en el país.

Pero el dato duro que más delata lo que está sucediendo en los “pedacitos de guerra” en el país son las desapariciones forzadas y los fosas clandestinas. Los números señalan no sólo la falta de control que tiene el gobierno en algunas regiones del país, sino también el sufrimiento de familias mexicanas que son similares a lo que viven personas en países que están en guerra.

Hace aproximadamente un año el Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas del Sistema Nacional de Seguridad Pública establecía que la cifra oficial de personas “no localizadas” en México era de 25 mil 821, de las cuales diez mil 836 desaparecieron en lo que va del sexenio del presidente Enrique Peña Nieto.

Datos publicados recientemente por la Procuraduría General de la República de nuevo nos subrayaba la tragedia mexicana. Desde agosto de 2006 hasta octubre de 2015 se han encontrado un total de 201 fosas clandestinas en 16 estados del país. Sólo 18 por ciento de las víctimas encontradas han sido identificadas.

Lo increíble es que puedan desaparecer y matar a tantas personas en algunas regiones del país y que el gobierno federal no esté informado o que simple y llanamente no tome los pasos necesarios para detener las masacres.

Lo más terrible de estas cifras es que para encontrar estas fosas parecería que tiene que suceder una tragedia como la de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa, o los cinco jóvenes desaparecidos en Tierra Blanca, Veracruz.

En ambos casos, en Iguala y Tierra Blanca, policías municipales entregaron al crimen organizado jóvenes que, aparentemente, fueron asesinados por razones que todavía no se han podido clarificar.

Entre octubre de 2014 y junio de 2015, en el proceso de buscar a los 43 estudiantes normalistas, las autoridades, familiares y sociedad civil “descubrieron” en este “pedacito de guerra” -el municipio de Iguala y sus alrededores- 63 fosas que contenían 133 cadáveres: 82 hombres y 51 mujeres.

Tan sólo han podido lograr la identificación de 16 de estos cuerpos.

En la búsqueda de los 43 estudiantes encontraron a 133. En el caso de Veracruz, en la búsqueda de los cinco jóvenes encontraron las autoridades 21 fosas con al menos 30 cadáveres.

Aunque la inercia y la despreocupación de más de dos semanas que demostró el gobierno federal cuando desaparecieron los 43 estudiantes en Iguala, Guerrero, contrasta con la reacción casi inmediata que tuvieron las autoridades federales cuando se publicó la desaparición de los cinco jóvenes en Veracruz.

Pero en ambos casos hay una pregunta que todos debemos de hacer: ¿acaso las autoridades locales, estatales y el gobierno federal no sabían de los levantamientos, de las desapariciones, de los asesinatos y de las fosas con muertos que seguramente tienen algún familiar, amigo o ser querido que los busca?

Esta es la realidad que encontrará el Papa Francisco cuando visite México y nadie tiene que contárselo. Los datos duros son claros y contundentes, este es un país en donde la ceguera, la incompetencia, el miedo y la irresponsabilidad política han permitido que broten “los pedacitos de guerra”.

Twitter: @Amsalazar

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