Opinión

Viernes negro, ¿preparado, Peña?

 
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Donald Trump

La reciente conferencia de prensa de Donald Trump tuvo una 'virtud': demostrar que México tendrá la mayor confrontación exterior con Estados Unidos en casi 100 años, desde las graves diferencias entre los gobiernos de Plutarco Elías Calles y Calvin Coolidge, o en todo caso las que siguieron a la nacionalización del petróleo (salió cara esa gallina de los huevos de oro, se diría hoy) por Lázaro Cárdenas. Serán mil 460 días (o peor, dos mil 921) de choques con un gigante que nunca se esperó enfrentar.

El presidente Peña Nieto habla reiteradamente de unión y dignidad. Su popularidad es bajísima, pero nadie le regatea autoridad. Hasta el momento ha abundado la retórica, con su gobierno al parecer pasmado. Pero al menos ya hay un puente visible entre México y Trump con Luis Videgaray (un nombramiento que debió realizarse en noviembre, no enero).

Su arranque como canciller fue desafortunado, pero tiene el principal elemento para lograr un desempeño exitoso: ser una persona supuestamente apreciada (y ciertamente reconocida) por un presidente intelectualmente limitado que otorga gran importancia a los personalismos.

Casi con certeza la palabra 'México' estará por primera vez en un discurso inaugural presidencial estadounidense, pero mejor hubiera sido conservar la invisibilidad tradicional. El viernes 20 de enero será negro. Puede esperarse, por supuesto, un nuevo desplome del peso, así como mayor incertidumbre entre inversionistas sobre el futuro del comercio, inversión y migración entre ambos países.

Ojalá que en todas las dependencias gubernamentales se esté trabajando duro ante las numerosas eventualidades posibles. El Banco de México para posiblemente subir, otra vez, la tasa de interés (y no esperar hasta el 9 de febrero, próxima fecha oficial para tomar una decisión de política monetaria).

La Secretaría de Hacienda para, en extremo, activar la línea de crédito flexible con el Fondo Monetario Internacional. Economía y Cancillería para las negociaciones comerciales y de otra índole que pueden ocurrir en las próximas semanas o meses. ¿Ya hay equipos negociadores en la sombra, preparando diversos escenarios? ¿Incluyen algunos de los impresionantes exfuncionarios con experiencia que México tiene?

El presidente Peña no tiene pretexto, no podrá decirse sorprendido. Mucho de lo que haga, y no haga, será impopular. Debe evitar las reciprocidades dañinas (como adoptar políticas proteccionistas) y la tentación de lograr un aplauso con acciones que causen ofensa, por más que México las ha recibido en abundancia.

Se debe ser paciente, desgastando o desactivando la patética retórica trumpista, y esperando que los miembros de su gabinete y otros funcionarios tengan mayor raciocinio (no es difícil) y preparación (indudable).

Será fundamental no responder anticipadamente ante bravuconadas (muchas veces falsas o huecas) sino sólo ante acciones concretas. Un ejemplo de ello es el mentado muro y su financiamiento.

Hay una paradoja en todo esto para Peña Nieto: hoy es tan impopular, que poco le queda por perder en esa materia. Ojalá esté consciente de ello, preparado para el largo invierno que llega y que arrancará el viernes negro, 20 de enero.

Twitter: @econokafka

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