Opinión

Ver para creer

 
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[Aumentan 6.2% anual las ventas foráneas de manufacturas en agosto / Bloomberg] 

Los 26 expertos nacionales e internacionales que quincena tras quincena son interrogados por Banamex respecto a sus pronósticos económicos dicen en el reporte dado a conocer ayer que la economía mexicana crecería 2.95 por ciento en este 2015.

Cuando esperábamos ritmos de crecimiento más elevados a estas alturas del sexenio, la cifra parece baja.

Pero cuando le echamos un ojo al ‘vecindario’, nos damos cuenta de que el resultado de México es de los mejores entre países semejantes… o de los menos malos, como lo quiera ver.

Ayer mismo la Cepal dio a conocer sus nuevas expectativas de crecimiento para la región. En su análisis, América Latina y el Caribe crecerán en promedio 1.0 por ciento en 2015.

Para el país más grande de la zona, Brasil, se estima una caída del PIB de 0.9 por ciento; Argentina quedaría en 0.0 por ciento y Chile en 3 por ciento. México, de acuerdo al organismo, crecería también 3.0 por ciento. La única economía relativamente grande que crecería más es Colombia con 3.6 por ciento.

Pero la comparación no sólo resulta positiva contra lo que sucede en otras naciones de la región sino también contra nuestro pasado.

Si se cumple el pronóstico para 2015, el PIB per cápita del país –una medida más precisa de crecimiento– habrá aumentado en el primer lustro de esta década a una tasa promedio anual de 1.8 por ciento.

Ese mismo indicador fue de 0.2 por ciento en la primera década del siglo y de 1.7 por ciento en la última década del siglo pasado. En los lejanos años 80, que algunos consideran la última etapa antes del “neoliberalismo”, tuvimos el peor resultado, con una caída promedio anual de 0.2 por ciento.

Insisto en las cifras y sus comparativos porque estamos tan concentrados en nuestros problemas y nuestras coyunturas que no es raro escuchar por aquí y por allá que nuestra economía está hoy peor que nunca.

Sin duda tenemos problemas muy serios, la desigualdad y la pobreza como los mayores de ellos, pero salvo que hubiera una muy desagradable sorpresa en la segunda mitad de este año, terminaremos un lustro que va a ser uno de los mejores en materia de crecimiento en toda una generación, pese a las revisiones a la baja, recortes y todo lo demás.

Y, desde luego que ese resultado no deriva sólo de la estrategia económica de este gobierno, sino de la configuración de una economía más dinámica con estabilidad, lo que se ha dado en las últimas dos décadas.

Lo mejor es que seguimos con una oportunidad única para concretar inversiones cuantiosas en diversos sectores de la economía –como la manufactura– que se van a beneficiar con la caída de los precios de la electricidad y con la mayor competencia en el ámbito de las telecomunicaciones y que pueden hacernos crecer aún más.

A muchos ciudadanos nos parece increíble que cuando el gobierno hizo lo más difícil y trascendente, como fueron las reformas en temas que parecían intocables, se esté atorando en otros aspectos que parecen menores, como la selección adecuada de los colaboradores presidenciales o la elaboración de respuestas creíbles y convincentes para quienes atacan la estrategia de fondo.

Ver para creer.

Twitter:@E_Q_

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