Opinión

Vengarse votando

 
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EPN y Donald Trump. (Reuters)

Pensar que Donald Trump en su reunión con el presidente Enrique Peña iba a retractar su propuesta sobre su great beautiful wall o disculparse por la forma tan degradante que se refirió a México y a los mexicanos, se equipara a la misma inocencia (o ignorancia) de pensar que hay unicornios en el Popocatépetl.

Perdón por el sarcasmo, pero era bastante obvio que Donald Trump
-que obtuvo en parte la candidatura usando una plataforma antimigrante, antimexicano, antiNafta- no tendría ningún interés de cambiar su posición. Ni en su reunión con el presidente Peña ni en sus rabiosos discursos públicos en Estados Unidos (EU).

Cualquier persona que conoce el proceso electoral en EU y en México sabe que los candidatos van a decir casi cualquier cosa para obtener votos. Y Donald está usando a los mexicanos como piñata o chivo expiatorio para acusarlos de todos los males que afectan EU: malos empleos, economía deprimida, terrorismo por la frontera y fábricas que huyen para maquilar productos fuera del territorio estadounidense. Sucedió lo que tenía que suceder.

Algo que se documentó poco en México fue la cachucha de Rudy Giuliani que portó para presentar a Donald Trump en Arizona después de la reunión con el presidente Peña. Decia: Let’s Make Mexico Great Again, Also. No sólo parafraseando el lema electoral de Donald aludiendo que la situación en México está mal, obviamente como una ofensa más al presidente Peña y sus intenciones de avergonzar al gobierno de México aun antes de su reunión. (Que yo sepa es difícil de imprimir cachuchas en el avión de Trump).

Trump los traicionó.

Y Hillary Clinton nunca habría viajado a México en este momento del proceso electoral, aunque hubiera recibido la invitación de la Presidencia antes que Donald Trump. Simple y llanamente su equipo no podría justificar su salida de Estados Unidos cuando necesita promover votos allá.

Tal vez hubiera enviado un representante de alto nivel para reunirse con grupos que organizan y representan migrantes que están en Estados Unidos. O tal vez una visita a la Basílica y tomarse fotos con feligreses (como sucedió en el caso de la hermana del candidato John Kerry). O participar en una reunión para recabar fondos de estadounidenses viviendo en el país (como lo hizo la hermana de Barack Obama y más recientemente representantes de Hillary Clinton).

Pero reunirse con el presidente de México en esta coyuntura no es taquillero electoralmente, ni ayuda a un candidato que buscan ser electo en Estados Unidos -ya sea para presidente, gobernador o legislador- a obtener más votos de electores mexicoestadounidenses. De hecho, hay información de que un acercamiento con el gobierno de México podría hacerle daño al candidato porque hay generaciones de mexicanos que culpan de la diáspora a Estados Unidos a los malos manejos del gobierno de México, en particular gobiernos priistas. O sea, para paisanos que pueden votar en Estados Unidos, el gobierno de México es radioactivo.

Ahora, después de la reunión con el republicano Donald Trump, podrían sentirse traicionados.

¿Ahora qué?

El gobierno de México se había embarcado en una estrategia de soft diplomacy por varios secretarios que visitan EU para promover México y recordarle a los estadounidenses de los beneficios de la relación económica. Esto tiene que continuar, adicionalmente incrementar el acercamiento del gobierno de México con los paisanos (legal o ilegalmente) en Estados Unidos y reconocer la importancia que tienen para México. Y reconocer además que tienen el derecho de estar enojados por la reunión entre el presidente y el odiado Trump.

Esto facilita la estrategia no reconocida de promover el voto de los mexicanos en Estados Unidos. Y se justifica ante la amenaza que representa el candidato republicano para los mexicanos aquí y allá. Y sí, seguramente habrá argumentos de que esto abriría la injerencia de Estados Unidos en el proceso electoral en México, pues esto seguramente sucederá en 2018, cuando mexicanos y sus descendientes busquen promover el voto del candidato que mejor refleja sus intereses y cambios en México.

Las encuestas demuestran que la contienda electoral se está cerrando. Ahora sí, el voto de los hispanos, en particular la de los mexicoestadounidenses, podría ser definitorio en algunos estados. Pero esto requiere de que salgan los connacionales a votar. No sólo los que viven en Estados Unidos, sino los que tienen la doble nacionalidad y se encuentran en territorio nacional.

Que sea su ofensiva retórica antimexicano la que catalice el voto en contra del candidato Trump y su derrota. La venganza puede ser dulce, especialmente si es servida por los más desprotegidos en Estados Unidos y en México.

Twitter: @Amsalazar

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