Opinión

Veinte versiones sobre la vida de Kurt Cobain

    
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Kurt Cobain

“Cada historia tiene tres versiones: la tuya, la mía y la verdad. Ninguna miente”.

Así arranca The Kid Stays in the Picture, el documental sobre la vida de Robert Evans, un exitoso productor hollywoodense, dirigido por Brett Morgen y Nanette Burstein.

Montage of Heck, la nueva película de Morgen, aplica esa tesis a un personaje ligeramente más famoso: Kurt Cobain. Producida con el apoyo de Frances Bean Cobain y Courtney Love, la cinta utiliza material inédito para retratar al vocalista de Nirvana. Videos de su niñez, grabaciones sobre su incómoda adolescencia, vistazos a sus diarios, entrevistas con sus padres, colegas y familia: la historia de Morgen no tiene tres sino veinte perspectivas. Ninguna de ellas representa a la verdad, pero no importa. Las verdades absolutas no tienen cabida en un documental.

En inglés, la palabra heck es antónimo de orden. El título –una alusión a las grabaciones privadas de Cobain– nos pone sobre advertencia: aunque presentado cronológicamente, Montage of Heck es una mezcla de fragmentos visuales y sonoros con el material que Morgen recibió de manos de Frances Bean y Love.

No es la primera vez que este director ensambla un documental a modo de collage. June 17th, 1994 persigue la atención del espectador estadounidense a través del día en que las finales de la NBA, la inauguración del Mundial y el retiro de Arnold Palmer del US Open fueron eclipsados por la fuga de O.J. Simpson a bordo de una camioneta blanca. “Estoy intentando crear piezas verídicas que sean una experiencia”, dice Morgen al inicio del programa, después de advertir que no usará narrador. En June 17th, 1994, la apuesta es exitosa. Morgen únicamente ordena los elementos para plantear un discurso. No los pule, apenas si los distorsiona y casi no les añade nada.

Por desgracia, en Montage of Heck la mano del director no deja en paz a su protagonista. Los segmentos no adulterados, como cuando Cobain y Love hablan pestes de Guns N’ Roses, le cortan el pelo a su hija bajo los efectos de la heroína o platican desnudos frente al espejo, funcionan mejor que los popurrís impresionistas de su director. El contraste entre uno y otro es la diferencia entre una evidencia y la interpretación de un hecho. Morgen parece ignorar esta distinción, y es una pena. Montage of Heck cala más hondo cuando nos deja observar a Cobain sin intermediarios; cuando nos permite dar con nuestra versión personal, sin el filtro de su director.

Los familiares de Kurt Cobain lo describen como un niño hiperactivo, con la cabeza a reventar de ideas y preocupaciones. En su afán por crear “una experiencia”, Morgen intenta que su estilo simule esa disposición mental. El resultado es una película desmadrosa que pretende una inmersión profunda: no Being John Malkovich sino Being Kurt Cobain. La idea es atractiva, aunque no siempre funciona. Para ponernos en los Converse de Cobain, Morgen fabrica montajes más sensoriales que narrativos: imágenes de tripas dando vueltas nos someten a los dolores físicos que (en teoría) orillaron a Cobain a la heroína, un recorrido atrabancado por sus cuadernos de notas nos sumerge en su depresión y una serie de secuencias animadas ilustran sus palabras.

El mejor de estos pasajes, una anécdota humillante de la prepa, resulta fascinante a pesar de las animaciones impuestas sobre la voz de Cobain. Utilizar dibujos animados para representar lo escuchado no es un truco nuevo, y Morgen lo emplea sin ingenio. Un contraejemplo: Waltz with Bashir, un documental sobre la invasión israelí a Líbano, narrado por diversos veteranos de aquel conflicto, utiliza dibujos animados para transformar la guerra en un álbum de pesadillas surreales. Morgen, por el contrario, se apega al realismo y pinta a Kurt debajo de un puente fumando marihuana, solo en la cafetería del colegio o tocando guitarra en su recámara. Su pincel les resta fuerza a las palabras del músico. Imaginar esa humillación adolescente habría sido mucho más estremecedor que verla recreada con dibujitos.
Por fortuna, el material original de Montage of Heck es tan cautivador que las intromisiones de Morgen no arruinan el retrato multifacético que obtenemos de Cobain: un hombre ambicioso pero alérgico a la fama, un yonqui suicida y un padre cariñoso, un niño solitario, idolatrado por multitudes.

No podemos confiar en las versiones de su documentalista, su madre, su viuda o incluso de Krist Novoselic, el bajista de Nirvana. Pero ese es el chiste. Frances Bean Cobain quizás produjo este documental para hallar y regalarnos una versión definitiva de su papá. La meta estaba destinada al fracaso. La verdad sobre Cobain (sobre cualquiera) siempre estará lejos de nuestro alcance.


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