Opinión

Vean al fabuloso Tom Cruise colgado de un avión

   


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Misión imposible

Tiene sentido que la publicidad de Mission: Impossible Rogue Nation haya girado en torno a un segmento del detrás de cámaras en vez de al típico tráiler donde se expone la historia a cuentagotas. En el clip, Tom Cruise despega amarrado al flanco de un avión de carga, como en un episodio de Jackass de alto presupuesto. En la franquicia Mission: Impossible, un stunt del actor vende más que la propia trama.

El mayor atractivo de Indiana Jones no es Harrison Ford, sino Jones mismo. Compramos boleto para ver al arqueólogo mujeriego patear nazis mientras va en busca de artefactos místicos; es él quien nos interesa, y probablemente veríamos una aventura suya aunque lo interpretara otro actor. En contraste, el protagonista de todas las misiones imposibles no es Ethan Hunt, sino Tom Cruise, en cierta medida porque Hunt apenas si califica como personaje. El agente paranoico de la primera tiene poco en común con el galán de peinado de salón que John Woo filmó como si fuera una prima ballerina en M: I 2 o el espía enamoradizo de la entrega dirigida por J.J. Abrams. No hemos visto a Hunt evolucionar, curtido por sus triunfos y fracasos. Más bien hemos seguido a Cruise mientras corre y brinca de un país a otro, de la mano de distintos directores.

Mission: Impossible siempre estrena estilo. La coreografía hiperestilizada de Woo, la seriedad de Brian De Palma y el ánimo slapstick de Brad Bird no tienen vasos vinculantes. Solo Rogue Nation, dirigida por Christopher McQuarrie, reúne estas características –encontramos algo del humor de Ghost Protocol, la cursilería de Abrams y, en un atraco en Casablanca, un homenaje a la célebre secuencia en Langley de la original–, además de condensar la trama en una línea tan elemental y fácil de seguir como una caricatura del Coyote
y el Correcaminos.

La CIA disuelve a la Fuerza Misión Imposible (FMI) y Hunt se queda sin trabajo oficial. En el exilio intenta desmantelar a The Syndicate, el gemelo malvado de la FMI, liderado por el escurridizo Solomon Lane (Sean Harris). Hunt recluta a su equipo a escondidas y, auxiliado por Ilsa Faust (Rebecca Ferguson), la femme con el nombre más fatal, se lanza contra él. Hay peripecias, claro, pero ninguna deja huella en el rostro del espía. Después de acabar con un grupo de terroristas, John McClane parecía Jesucristo antes de la crucifixión; después de colgar de aquel avión, chocar en coche y moto, saltar de un edificio y sufrir una tortura, Ethan Hunt mantiene su look de alfombra roja.

Rogue Nation tiene la honestidad de asumir lo que todo espectador intuye: pase lo que pase, Hunt seguirá vivo y habrá una siguiente misión “imposible” en otro lado del mundo, con otro director. No se sorprendan si la sexta película bota todo vestigio de trama y filma a Cruise bajando del Everest en triciclo, con los ojos vendados, perseguido por un oso grizzly, durante hora y media. Mission: Impossible no da pan, pero ofrece buen circo.

Twitter: @dkrauze156

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