Opinión

Valores heredados

  
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Pablo Hermoso de Mendoza.

Los hombres tenemos la oportunidad de trascender de distintas maneras en este mundo. Hay quienes se obsesionan con el dinero, el poder y la fama; hay quienes viven su vida bajo los valores de la honestidad, el trabajo y la familia, obteniendo muchas veces por añadidura fama y fortuna, lo cual conlleva una responsabilidad social muy elevada, y aquí es donde muchas personas quedan lejos de estar a la altura.

En el caso de la familia Hermoso de Mendoza, dejando a un lado la importancia que en la historia de la tauromaquia ha conseguido el maestro Pablo —quien ha conquistado absolutamente todas las plazas, públicos y empresas taurinas—, al nivel de su peso y huella taurina está su peso y huella como jefe de familia. Me explico: la vida del torero es una vida muy sacrificada, la sociedad ve al hombre vestido de luces, triunfador, con la gloria y fama de un domingo de toros exitoso, pero detrás de esos dulces momentos se encuentran miles de horas de soledad, miedo, sinsabores, injusticias, trabajo y sacrificio. En el caso específico del rejoneo, implica una mayor complejidad al incorporar al entorno una cuadra de caballos, caballerangos y equipo humano para sostener cada una de las presentaciones. Hay que sumarle poder vivir cerca de la familia, dividiendo el año en dos residencias (Europa y América), como es el caso de la familia Hermoso de Mendoza.

El sábado 15 de abril, la familia Hermoso de Mendoza, rodeada de amigos a los que ha hecho su estirpe mexicana, y del público que admira y disfruta con el arte del maestro Pablo, vivió una tarde emotiva y llena de simbolismos en la pintoresca Plaza de Toros Oriente de San Miguel de Allende. Con toda la seriedad y respeto por la fiesta se llevó a cabo una corrida mixta para que Guillermo, hijo mayor de Pablo y Miren, toreara en público por primera vez en su México que lo recibió desde que tenía meses, hace ya casi 18 años. Alternando con su padre y el rejoneador potosino Sebastián Torre, Guillermo disfrutó de su actuación y por ende nos hizo disfrutar con la belleza del toreo a caballo.

Su padre estuvo cumbre, como es costumbre; su primero, un gran toro de San Pablo, le permitió hacer una faena llena de temple y maestría, desgraciadamente falló con el rejón de muerte; con su segundo, un toro de Los Encinos que se paró pronto, echó mano de su oficio y emocionó al tendido, volviendo a fallar con el rejón final. No se lo puso fácil a los dos alternantes.

Sebastián Torre estuvo muy bien también, buen jinete y buen torero a caballo, haciendo las cosas bien, sin prisa y con buena escuela; otro torero de dinastía, los Hernández, de San Luis Potosí.

Gran parte del atractivo era ver torear a Guillermo por primera vez. Menudo paquete, hijo del que en mi opinión es el más grande rejoneador de la historia. ¿Qué espera la afición de él? ¿Que supere al padre?

El primer mensaje que recibí fue que todo el éxito y cimiento de una carrera como la del maestro Pablo se basa en la familia. Presente Miren, su mujer; Paula, la melliza de Guillermo, que es además de una jovencita muy guapa, una gran jinete; y la pequeña Alba, simpática y muy espabilada. No podían faltar su hermano Juan Andrés y sus dos hijos. Su compadre El Pato, que recibió el honor del brindis de Guillermo. La familia estaba ahí para apoyarle fuese cual fuese el resultado del festejo. Primer triunfo de la tarde.

En lo taurino Guillermo ha dejado muy clara su capacidad. Su base torera se centra en una sólida formación como jinete, se le ve natural, cómodo y en plena comunicación con sus caballos, lo cual puede parecer lógico viviendo donde vive, pero las horas hay que ponerlas montando.

Como torero descubrí un hombre que siente, que se expresa y que goza el toreo. El oficio de colocar bien al toro, de seleccionar los terrenos para ejecutar las suertes, de llevar al caballo de frente y con ritmo a la cara del astado para entrar en comunión con su embestida, de entender los tiempos de la lidia, todo esto sustenta el disfrute que expresa Guillermo al darle el pecho tanto del caballo como el suyo a la hora de la reunión. Se siente, se gusta.

No imita al padre, pues si bien tiene su escuela, él expresa su sentir. Tiene raza y valor del bueno. Sabe escuchar a su padre, que hace a un lado el protagonismo de quien es para apoyar a su hijo a ser quien él quiere ser; esta es la labor más difícil para los que somos padres, dejar a los hijos ser.

En Guillermo hay un torero importante, el tiempo, su vida y el toro le darán los argumentos para escribir su propia historia.

Twitter: @rafaelcue

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