Opinión

Vallejo, un obstáculo en Michoacán; tiene que irse

El PRD tiene razón: Fausto Vallejo no puede seguir al frente del gobierno de Michoacán.

Y la razón es contundente: está rodeado de funcionarios ligados al crimen organizado, y desde las altas esferas de su gobierno se ha trabajado para los Caballeros Templarios.

Uno de los principales obstáculos para alcanzar la paz y el Estado de derecho en Michoacán, es la colusión entre funcionarios públicos del nivel estatal y municipal con los grupos criminales.

Vallejo tiene a su alrededor a protectores y cómplices de las bandas que han puesto en jaque a la población michoacana. Él mismo ha sido protector de esos funcionarios y políticos que trabajan para La Tuta y otros jefes regionales del cártel de los Caballeros Templarios.

Michoacán ya tuvo un gobierno en que sus máximas autoridades estaban ligadas a grupos criminales, los protegieron y se pusieron a su servicio durante el sexenio del perredista Leonel Godoy.

Ahora no se puede permitir que la historia se repita con el priista Fausto Vallejo, pues de esa manera nunca se va a alcanzar la seguridad mínima que requieren los michoacanos para convivir y las empresas para producir.

El fin de semana pudimos ver a través de redes sociales una foto del hijo de Fausto Vallejo, Rodrigo, en una reunión con el jefe de los templarios, Servando Gómez, La Tuta.

Y hace unas cuantas semanas vimos otro material gráfico en el que aparece La Tuta con el entonces secretario de Gobierno de Michoacán, Jesús Reyna, hoy preso.

Altos funcionarios del gobierno michoacano y de municipios importantes, como Lázaro Cárdenas, negociaban con La Tuta posiciones para puestos de elección popular.

Todo eso ocurría en las narices del gobernador Vallejo. Tiene que irse.
En el caso de que no tenga responsabilidad jurídica en los delitos de sus colaboradores, el gobernador Vallejo tiene responsabilidad política en esa danza de criminales que hay alrededor suyo en el gobierno del estado.

Él no puede decir que es responsable sólo de la cabeza y no de los pies ni de los brazos.

La foto de su hijo Rodrigo con La Tuta debió haber motivado la renuncia fulminante de Fausto Vallejo para no entorpecer la investigaciones, y no ocurrió así.

En esta columna lo apuntamos hace un par de meses: entre los principales problemas de Michoacán están Leonel Godoy, Jesús Reyna (ahora preso), los hijos de Fausto Vallejo y los Caballeros Templarios.

De muy poco va a servir que se ataque a los sicarios y a sus jefes armados, si se deja impune a los que les brindan protección política para realizar sus crímenes.

“Cero impunidad”, dijo Miguel Ángel Osorio Chong, secretario de Gobernación, al referirse al caso de Rodrigo Vallejo. Está bien, y seguramente así será, porque así ha ocurrido con Reyna, alcaldes y funcionarios de esa entidad.

Pero el gobernador Fausto Vallejo no puede seguir en el cargo, porque tiene una grave responsabilidad política en lo que sucede en su estado.
No es culpable personal de la descomposición de Michoacán, porque el problema venía de gobiernos anteriores. Sin embargo, es un obstáculo para la solución pues se encuentra rodeado de bandidos.

Además, de permanecer como gobernador podría influir para que las instancias estatales obstruyan la “cero impunidad” que se requiere.
Vallejo es insostenible. Tiene que irse.