Opinión

Utopías con qué
afrontar 2017

 
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ME Trump y México. (Especial)

Después de tan aciago año que termina, se vale pensar en utopías.

Imaginar escenarios ideales puede ser útil en 2017, cuando Trump sea presidente y empiece a tomar decisiones desde su alterada personalidad y populismo de derecha, que seguramente afectarán a México.

Lo primero es no olvidar que Trump será presidente solamente de Estados Unidos, para no permitir que actúe arbitraria y majaderamente en el nuestro.

Si el ejercicio del poder en México fuera democrático, lo normal sería fincar en instituciones sólidas las posiciones sobre lo que es negociable y lo que no es negociable.

En su defecto, hay que imaginar que el sentido de emergencia logre que los partidos, legisladores y gobiernos hagan a un lado sus intereses antagónicos y formen un frente unido en defensa de los intereses superiores del país. Soñar no cuesta nada.

Otras son las condiciones para superar los niveles de desempleo, pobreza, desigualdad e injusticia que el neoliberalismo y la globalización han generado en muchos países industrializados y en los parecidos a México.

El proteccionismo mercantil y laboral que Trump se propone imponer a la economía de Estados Unidos ofrece la oportunidad de imaginar ideas de progreso que vuelvan a considerar el bienestar social como objetivo, y las inversiones en negocios como uno de los medios.

Una propuesta, que se discute en Europa desde la crisis de 2008, y que tiene antecedentes históricos favorables, es la reducción de la jornada laboral sin menoscabo de ingresos de los trabajadores.

Desde 1830 cuando se redujeron de 16 a 10 las horas de trabajo diario, hasta los incentivos que ofreció F. D. Roosevelt a las empresas en 1933 en plena depresión para que redujeran la jornada a 35 horas semanales, se ha demostrado que la productividad laboral compensa sobradamente el alza de costos salariales y, sobre todo, que las jornadas reducidas aumentan significativamente el empleo y amplían el mercado de consumidores.

Trabajar menos por el mismo sueldo nunca ha sido un ofrecimiento empresarial. La reducción a ocho horas les costó la vida a decenas de obreros, los mártires de Chicago, el 1 de mayo de 1886.

La situación de crisis hoy vuelve a dar la oportunidad de pensar en la viabilidad de reducir las horas de trabajo para aumentar el empleo y el poder adquisitivo de los mercados que es, en el fondo, de lo que dependen las decisiones de inversión empresariales.

En el Parlamento europeo, y particularmente en España, se discute una estrategia alternativa al modelo de crecimiento actual, para alcanzar un progreso económico sustentado en el bienestar social. Consiste en reducir la jornada laboral y encontrar la manera de distribuir equitativamente el alza que, en lo inmediato, tendrían los costos de producción mientras la productividad y el mayor consumo de los trabajadores da un nuevo impulso al crecimiento con bienestar general.

El tema se discute en Europa con mayor interés desde la crisis de 2008; lo bueno de la presidencia de Trump es que, de agravar la crisis social y económica global como muy probablemente ocurrirá, animará la imaginación y los intentos de recuperar el sentido social del progreso. México lo tuvo y también tiene que recuperar ese sentido.

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