Opinión

Urge una iniciativa multilateral mexicana frente al muro y los agravios a migrantes

21 febrero 2017 5:0
 
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Muro fronterizo en Tijuana.

México no debe aceptar el muro y que migrantes mexicanos -documentados e indocumentados- sean acosados y lesionados en sus derechos humanos básicos. Cerca de 11 millones de personas están viviendo en zozobra ante los desvaríos racistas, los twitazos y desde hace un mes las órdenes ejecutivas, las intimidaciones y las acciones de Trump.

Nuestro gobierno debe abandonar su excesiva cautela, condescendencia y parálisis en espera de una posición racional del vecino. Ese día no llegará a menos que México y el mundo resistan y combatan activamente su mensaje y su posición dentro de los EUA y al mismo tiempo en los foros regionales y globales.

Señalaba el sábado pasado un editorial del NY Times “Hay que romper la fiebre anti-inmigrante” y “terminar con las amenazas y acciones que conducen a una importante minoría de los Estados Unidos a pasar las noches en vela preocupados por perder sus familias, sus empleos, sus hogares. Han sido estigmatizados por el presidente como criminales, cuando no lo son; han tratado de construir vidas honestas aquí y de repente están atemorizados como si fueran fugitivos. Esperan los puños golpeando a la puerta, los agentes vestidos de negro, los grilletes, el camión de la policía migratoria, la celda. Están aterrados de que el gobierno encuentre a ellos, a sus padres o a sus hijos y soliciten sus papeles y se los lleven. De repente, por decreto presidencial, todos son prioridad de deportación, todos son amenazados con vidas rotas… Esta no es una imagen abstracta o fantasiosa” advierte el editorial del NYT. “No son fake news” (noticias falsas). “Son los Estados Unidos de hoy, de este mes, de esta mañana”.

El editorial, tras de un detallado recuento de los casos más destacados de detenciones y deportaciones infames, así como de las recientes marchas “un día sin migrantes”, acciones en las cortes y otros movimientos dentro de los EUA para combatir estos agravios, concluye con la siguiente frase: “Una alianza de todos los que reconocen la amenaza que Trump presenta a la identidad estadounidense puede presionar en su contra, acelerar el día final que rompa esta fiebre”.

Lo increíble es que a la fecha el Gobierno mexicano no haya pedido el apoyo de Latinoamérica y el resto del mundo; como lo solicitaron tantos países y sociedades agraviadas en el pasado, obteniendo la solidaridad de México, trátese del muro de Berlín, del bloqueo a Cuba, de El Salvador o de la lucha contra el Apartheid en Sudáfrica.

México debe adoptar una estrategia regional y global activa en los organismos multilaterales en defensa del interés nacional.

Primero debe buscar el apoyo de los organismos mesoamericanos , interamericanos y latinoamericanos, como CELAC -donde se extrañó recientemente la ausencia mexicana de alto nivel en esta hora crítica, considerando que muchos de los agravios y amenazas se han extendido a las poblaciones migrantes de Guatemala, Honduras, el Salvador, Colombia .. más allá de nuestras fronteras del norte, que son también las de Latinoamérica con los EUA.

Igualmente importante sería que México llevara su agravio y reclamo de apoyo y condena del muro y de otras medidas anti-migrantes, violatorias de derechos humanos y comerciales, ante la ONU, la OMC, el mismo FMI y otros organismos y foros internacionales, denunciando los efectos disruptivos que está provocando Trump sobre la economía, el tejido y la paz sociales y sobre los migrantes mexicanos en violación a los acuerdos existentes.

México debe buscar la solidaridad internacional y la reparación de cualquier daño con una estrategia multilateral bien pensada, fundamentada y motivada jurídicamente. Para ello debería integrar un grupo de expertos en el tema y elaborar e implementar una estrategia multilateral, vinculada a nuestra acción bilateral.

Los EUA no serán convencidos pronto por esta vía- y menos Trump; siempre argumentan que las instituciones y acuerdos no están por arriba de su interés nacional. Es posible también que el momento europeo no ayude, habida cuenta de los muros, barreras múltiples y políticas que están adoptando los países europeos frente a la inmigración procedente de Medio Oriente y África.

Sin embargo, sería mucho lo que podría lograse en términos de apoyo moral de los países de África, Asia y América Latina, así como de naciones europeas que han sido receptivas al clamor de los migrantes.

Desde hace tiempo los organismos de la ONU han resistido las presiones para crear instituciones y programas para combatir el maltrato a migrantes y la discriminación, la injusticia y la desigualdad global en la distribución de la riqueza, el ingreso y las oportunidades que están en la raíz de las migraciones internacionales.

Sin embargo, recordemos como Mandela y el Congreso Nacional Africano lograron ganar la solidaridad de los países del orbe.Hasta 1976, occidente - salvo Suecia e Irlanda- hizo un doble juego hipócrita, condenando las violaciones a los derechos humanos, pero resistiéndose a poner sanciones amplias y detener la proveeduría de armas al régimen racista.

En ese año Oliver Tambo, líder del CNA en el exilio, se dirigió a la Asamblea General de la ONU, criticando tanto al régimen de Pretoria como a los países occidentales y pidiendo el cese al suministro de armas al gobierno racista. La reacción universal a la represión de Soweto y a las brutales acciones policiacas, comenzó a cambiar las cosas. En el Consejo de Seguridad de la ONU, se impuso en 1977 la prohibición total al envío de armas.

En los siguientes 10 años la mayor parte de los países del mundo -, se unieron al combate al apartheid. Compartí en muchas sesiones de la ONU en los 70s y 80s la lucha de los países en desarrollo- destacando México- y un número creciente de países desarrollados a favor de Mandela. Su ideario se fue agigantando, hasta que el 2 de febrero de 1990, convencidos Reagan y sus aliados, el Presidente De Klerk anunció la liberación de Mandela y la legalización de los partidos políticos que luchaban por la libertad y la justicia.

México no tiene un Mandela, pero sí la oportunidad de combatir la política racista y discriminatoria de Trump. Llevar nuestro agravio y los reclamos de nuestros conciudadanos migrantes indocumentados a la Comisión de Derechos Humanos en Ginebra y al Consejo de Seguridad de la ONU tendría un gran eco. Podría permitirnos recuperar la dignidad nacional perdida y, promover una nueva ruta de desarrollo y grandeza nacional.

Tal vez no ganemos la guerra en los foros internacionales- pero seguramente México obtendría apoyo solidario de la gran mayoría de los países y un poder moral que fortalecería nuestra posición negociadora. ¿Entenderá Peña Nieto que la causa justa que nos asiste podría cambiar la faz de la unidad nacional y nuestras mermadas relaciones con el exterior?

Como lo señalé hace un par de semanas en una Comisión del Senado: el legislativo, los gobiernos estatales –particularmente los fronterizos- y la sociedad civil organizada podrían convertirse en el disparador de un conjunto de acciones de defensa del interés nacional frente al muro de Trump y en detonador del renacimiento de México. Urge una alianza amplia nacional e internacional. De rodillas no sobreviviremos como nación.

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