Opinión

Urge un salto cualitativo en nuestra relación con India

Es crucial diversificar y mejorar nuestra inserción en el nuevo orden mundial. La nueva India es una oportunidad.

México ha tenido siempre excelentes relaciones con ella, pero con un perfil bajo en lo político y económico, básicamente apoyadas en nuestras afinidades culturales tradicionales y visiones compartidas multilaterales en la agenda de desarrollo y por la paz.

Hemos tenido grandes embajadores que se han compenetrado con su diversidad y sus singulares tradiciones filosóficas y sociales, y que lograron una plataforma política para una relación estable: Octavio Paz, Graciela de la Lama, recientemente Jaime Nualart, son buenos ejemplos de esa relación basada en la cultura.

Lo que no hemos logrado es reconocer las crecientes oportunidades políticas y económicas que existen en esos ámbitos, y que debemos aprovechar en el emergente escenario internacional del siglo XXI, trazando una política apropiada de largo plazo en lo bilateral y multilateral.

India no sólo es la mayor democracia del mundo
–como lo acaba de ratificar su reciente proceso electoral– sino también va en camino de ser el país más poblado del mundo en los próximos 15 años y la segunda o tercera economía. Ha crecido a una tasa sostenida de 5.0 por ciento anual en promedio, y buscará elevar esas tasas en los próximos años con un ambicioso programa de desarrollo agrícola, industrial, tecnológico y de servicios de alto valor agregado, consistente con el plan económico de su nuevo primer ministro Narendra Modi (que ya demostró su capacidad en la materia en su natal Gujarat). Su capacidad científica y tecnológica es importante y se fortalecerá más aún con su sólida política de formación de recursos humanos calificados en el exterior, y de fomento a la investigación tecnológica y la innovación.

Es también la segunda potencia asiática, viejo rival de China y Paquistán, pero ahora socio de China, Rusia, Brasil y Sudáfrica en los BRICS. Posee capacidad nuclear y una buena relación con Estados Unidos. Aspira a ser miembro del Consejo de Seguridad de la ONU. Su política de cooperación en el Asia del Sur y en el Índico es importante y juega un papel clave en materia de cooperación y negocios en África, además de la prometedora relación con los países de América Latina.

México ha tenido una buena relación con los gobiernos del Partido del Congreso desde Nehru hasta los Gandhi, incluyendo al gobierno saliente. Los presidentes López Mateos, Echeverría, López Portillo, De la Madrid, visitaron India oficialmente con fines bilaterales (y en ocasiones multilaterales), y a veces recibieron claras distinciones, como fue la invitación a López Portillo como huésped especial para celebrar el Día de La República con sus legendarios festejos –en los que me tocó estar presente.

Recientemente, debido al interés de fuertes empresas indias en sectores industriales muy diversos –acero, metalmecánica, autos, farmacéutica, petroquímica, informática, entre otros– y al apoyo de nuestros recientes embajadores (Julio Faesler), se han ampliado nuestras relaciones económicas con comercio e inversiones crecientes, en particular los flujos de India hacia México. Pero hace falta una relación estratégica entre los dos países.

Llegó la hora de dar un salto cualitativo a nuestra relación y México debe tomar la iniciativa. Ello nos permitiría un mayor juego político en Asia y equilibrar la renaciente vinculación con China. Esta se apoyaría en: a) nuestros acervos civilizatorios comunes milenarios; b) nuestra excelente relación político-cultural desde la independencia de India; y c) las grandes oportunidades de cooperación bilateral educativa, científica y tecnológica, así como de coordinación multilateral y de comercio e inversiones.

Para que ello sea posible, sería necesario crear un grupo de análisis estratégico nacional -similar a lo que se hizo con China -, conformar una política explícita e iniciar un diálogo bilateral amplio y prospectivo de largo alcance y continuidad, que lleve a la brevedad posible a visitas preparatorias de cancilleres, y eventualmente a una visita de Estado del presidente Peña Nieto, acompañadas de misiones empresariales, académicas y de investigadores bien programadas, organizadas y arropadas con proyectos concretos y financiamiento. Nafinsa, Bancomext, ProMéxico, Conacyt y las universidades, deberán apoyar decididamente ese propósito.

Una cuestión crucial será el fortalecimiento de nuestra embajada en India. Hoy se requiere una representación muy distinta de las del pasado. Exige capacidad y experiencia político-económica, de ser posible liderazgo en las complejidades de los negocios y la cooperación bilateral y multilateral y, al mismo tiempo, sensibilidad para consolidar la tradicional relación cultural. Obviamente ello demanda reforzar la representación con recursos financieros y humanos suficientes e impulsar desde ahí nuestra proyección en el emergente Océano Índico.

El autor es director del IIDSES-Ibero y exdirector general de la ONUDI.