Opinión

Urge reformar el capitalismo

Víctor Manuel Pérez Valera
Profesor emérito de la Universidad Iberoamericana.


Gaël Giraud
, jesuita de 44 años, es director del Centro Nacional de Investigación Científica, Secc. 37 (del Centro de Economía de la Sorbona). Además, es miembro de la Escuela de Economía de París y del Consejo Científico Laboratorio de Excelencia, regulación financiera de la fundación Nicolás Hulot del Observatorio europeo de finanzas. Este joven jesuita fue nombrado en 2009 el mejor economista joven francés por el famoso periódico Le Monde.

Hace dos años Giraud impartió una de las famosas conferencias de cuaresma en Notre-Dame sobre el tema ¿Las finanzas son éticas? El año pasado recibió el premio “Read Economics” por su último libro Ilusión financiera. Entre sus escritos destaca el libro (en colaboración con Cécil Remouard), Veinte propuestas para reformar el capitalismo. El libro está prologado por el director de la Organización Mundial de Comercio, Pascal Lamy. A continuación presentamos un breve esbozo de esta obra.

La crisis financiera se debe analizar desde su vertiente económica, junto con el crédito al consumo, la tributación empresarial, la relación entre accionista y ejecutivos, y además otros factores.

De la crisis no se deduce el fin del capitalismo en cuanto tal, sino la incapacidad de este modelo de capitalismo que debería garantizar el desarrollo armónico de la sociedad.

El modelo gira alrededor de los mercados financieros supuestamente autorregulados, sin embargo, ese modelo no cumple adecuadamente su papel.

Ante esto surgen varias preguntas de gran importancia. ¿Qué reglas deberían imponerse al mercado para que cumpliera su finalidad? ¿Cómo lograr que el sistema económico afronte a fondo los desafíos que representan la preservación del planeta y el combate a la pobreza?

Giraud no pretende pontificar sobre este tema, pero si contribuir a un amplio debate entre organismos nacionales e internacionales, así como entre empresarios, economistas, matemáticos y académicos en general, a fin de procurar encontrar los medios para obtener colectivamente reglas más sanas de convivencia.

La finalidad de estos mercados podría seguir siendo la misma: captar el ahorro del público para redistribuirlo mediante la inversión y el crédito a quienes lo necesitan para financiar sus propios proyectos empresariales. Se sabe que esta finalidad está surcada por varios riesgos, ya que sencillamente la “mano invisible” que proclamaba A. Smith, y regulaba todas las operaciones, no existe.

Hoy está claro que los mercados desregulados frecuentemente son ineficaces e inequitativos.

Ahora bien, aunque se dice que la diversificación de los riesgos reduce el riesgo global –no poner todos los huevos en una canasta-, no siempre es así. Por ejemplo, los préstamos inmobiliarios de alto riesgo (subprime), en vez de diseminar el riesgo, lo incrementan.

Otro problema lo constituyen los mercados incompletos que no suelen producir un “precio justo” para las mercancías que intercambian. Esto hace conflictiva la labor de los bancos y de los inversionistas.

Ante estos y otros problemas surge la necesidad de reformar las maniobras de los mercados financieros, los instrumentos de los que participan en ellos y su vinculación en nuestra economía.

Va a ser muy importante en las propuestas de reformas el aspecto ético, pero no se trataría de una moral individualista, de buena voluntad, que sigue las reglas del juego, sino de una ética que surja de una conciencia colectiva sobre la ineludible necesidad de cambiar precisamente las reglas del juego.

En estas propuestas es necesario partir de una visión amplia de los problemas económicos, sociales y ecológicos a nivel mundial, que incluyan una sana política fiscal y monetaria, y que impulsen a una responsable cooperación internacional.

No se deben perder de vista los objetivos de una economía que fomente el desarrollo estable y equitativo, así como la función social y comunitaria de la empresa, que entre otras cosas, revalora el régimen de asalariado.

Finalmente, Giraud enumera algunas formas alternativas de finanzas y economía. Es un gran desafío tratar de construir un mundo más humano y más justo, en el que la globalización más que repartir desigualdad comparta estructuras más justas.