Opinión

Urge proteger los derechos de los niños frente a la violencia en México y el mundo

Dedicado a mis cinco nietos y a mis amigos judíos y palestinos

Acabo de concluir mis vacaciones anuales de verano, que esta vez me permitieron llevar a mis dos nietos mayores -de 12 y 10 años- en un crucero a Alaska y a Vancouver -solitos ellos y su abuelo-. Es una experiencia inolvidable, muy recomendable, similar a la que viví yo con mi abuelo materno en un viaje en tren por Zacatecas a una edad semejante.

En esos tiempos -inicio de los 50- me sorprendió la pobreza de los niños de la calle, la cantidad de viejos ciegos y de niños con defectos al caminar. Mi abuelo me hizo un recuento del auge y caída de esa gloriosa ciudad que encontré bellísima pero abandonada. “Ya vendrán tiempos mejores. Los tenemos que construir”, me aseguró como buen ingeniero. La migración y el trabajo de los zacatecanos han hecho la diferencia en 60 años, aunque la pobreza no desaparece.

Hoy, en un mundo globalizado ¿cómo explicarles a mis nietos la muerte de niños en Gaza y en Sudan del Sur? ¿Qué razón darles para el rapto de cientos de niñas en Nigeria? ¿Cómo justificar que las autoridades de Estados Unidos hacinen niños migrantes mexicanos y centroamericanos en espacios inhóspitos y los expulsen de regreso a la pobreza y violencia de sus países de origen? ¿Cómo razonar sobre los abusos que sufrieron los niños “protegidos” por Mama Rosa y su gran familia de Zamora y los niños limosneros a la siete de la mañana, al regreso del aeropuerto a casa?

¿No será hora ya de que empecemos a cumplir en serio nuestra obligación de proteger los derechos integrales del niño y mostrar un poco más de consistencia entre lo que decimos y predicamos y, por otro lado, lo que hacemos o dejamos hacer por indiferencia, negligencia o temor político en el ámbito nacional e internacional?

Tomemos el caso de Gaza. El domingo en la noche, me entero a través de The Guardian británico de la indignación tras del tercer ataque en menos de un mes a escuelas de Naciones Unidas en Gaza. Ban Ki-moon acusa de “criminal” el bombardeo que mata en Rafah a cuando menos una decena de personas y deja gravemente heridos a varias docenas, incluyendo personal de la ONU.

El hospital al sur de Rafah, reporta The Guardian, “está saturado con los muertos y los cuerpos de los niños almacenados en un congelador de helados por falta de espacio en la morgue”. 

Ban Ki-moon, señala que “otra vez se trata de una flagrante violación de la legislación humanitaria internacional que exige protección de ambas partes de los civiles palestinos, y del personal e instalaciones de la ONU. Los culpables deben rendir cuentas… Las fuerzas armadas israelitas fueron informadas repetidamente de la localización de estos sitios.

“En una declaración inusualmente severa, el Departamento de Estado de Estados Unidos, lamenta el trágico ataque y convoca a Israel a hacer más para cumplir sus propios estándares y evitar las muertes civiles” destaca irónicamente The Guardian.


Lo más increíble de esta violencia -que azota a Palestina entre Israel y Hamas-, que ha cobrado ya en un mes más de mil 500 muertos palestinos, 80 por ciento civiles incluyendo mujeres y niños, y 60 israelíes casi todos militares, es que más allá de las declaraciones, es poco lo que se ha logrado avanzar en términos de un acuerdo de paz y que las treguas de tres días sólo duran unas cuantas horas.

La comunidad internacional está alarmada ya de la violencia. Los esfuerzos de mediación de un acuerdo de paz concluyeron sin éxito en el Cairo el domingo, con la presencia del enviado de la ONU, Tony Blair, el enviado especial de Estados Unidos (EU), Lowenstein, y una delegación palestina que incluyó a Hamas y al Jihad Islámico. Israel declinó mandar representantes, señal, dice la prensa internacional, que quiere proceder en sus propios términos y de que una solución está lejana.

Nava Pillay, la alta comisionada de la ONU de Derechos Humanos, ha condenado la violencia de ambas partes, pero especialmente de Israel, a quien acusa de actuar con impunidad y ha apelado al sistema de justicia penal internacional, para investigar y enjuiciar a los culpables. Señaló a EU como uno de los países que no está ejerciendo toda su influencia sobre el Ejecutivo israelí, el Consejo de Seguridad y la Asamblea General de la ONU.

¿El temor de Obama y los legisladores de EU a los intereses judíos antes de las elecciones podrá llevar a una nueva Ruanda?

¿No habrá llegado ya la hora de que el Consejo de Seguridad de la ONU actúe para evitar que continúe la masacre? ¿Y que Europa, Asia, África y América Latina empiecen a conformar una posición más activa en este tema, así como en otros en los que los niños se encuentran particularmente afectados y desprotegidos, frente a la indiferencia de EU, que ni siquiera ha firmado los acuerdos internacionales sobre los derechos del niño y sobre el Tribunal Penal Internacional y, en cambio, preside irónicamente la rica Unicef desde su origen?

El autor es exdirector de la ONUDI y director del IIDSES-Ibero.