Opinión

Universidades para el mercado o para la sociedad

 
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La macha llegó a la Rectoría de Ciudad Universitaria. (Alejandro Meléndez)

En el marco de la VII Cumbre de las Américas, celebrada recientemente en Panamá, los organizadores (Cepal, la OEA, el Ministerio de Educación de Panamá y la Universidad Tecnológica de Panamá), invitaron a una cantidad importante de universidades de toda la región a algo que llamaron el I Foro de Rectores de las Américas.

Resaltó la presencia, por la parte norteamericana, de los rectores de Georgetown University, the Georgia Tech y otras universidades canadienses. Por la parte latinoamericana destacaron la presencia de la UNAM, la Universidad Nacional de Colombia, la Universidad de Chile, la Universidad de Costa Rica, y del ámbito privado diversas universidades de Guatemala, Costa Rica y del mundo anglófono. Una presencia singular estuvo en la persona de siete rectores de sendas universidades cubanas, encabezadas por la más importante: La Universidad de La Habana. Otros actores universitarios como la UDUAL, UNICA por el Caribe y más, también participaron de este evento.

El Foro, en su incepción, pretendía generar la impressión y el acuerdo que las Américas universitarias son capaces de consensar lo que podría llamarse una “academic free zone for the Americas” (una zona académica común para las Américas). Una suerte de ALCA académico. Pero ese tipo de proyectos tienen sustento, principalmente, en la possible convergencia de propósitos, epistemologías y acciones. Y lo que resultó fue la visible divergencia de valores y propósitos entre estos dos mundos, pero principalmente entre las universidades anglosajonas de la América del Norte y las universidades públicas de la región latinoamericana y caribeña. En el caso de las universidades privadas latinoamericanas, en la mayoría de casos, sus propósitos y planes semejaban los horizontes de las universidades de la porción norte del continente.

Pero, ¿en qué consisten estas diferencias? La historia es relativamente simple pero de grandes implicaciones. Para las universidades norteamericanas y canadienses, aunque seguramente hay honrosas y muy buenas excepciones, el tema principal es “business” y con el sector privado. Esa relación no solamente es necesaria sino profundamente virtuosa, según ellos. Alienta el emprendedurismo, la innovación y le da sentido al trabajo de docencia e investigación porque prepara, de manera idónea, ad hoc, a los profesionales que las empresas requieren. Las universidades cumpliendo con su deber de ser la fábrica de los futuros empleados de las empresas privadas, solamente. El mercado es el lugar de destino de enseñar a investigar, a entender lo que ocurre en el mundo que se restringe, en mucho, al mundo de los negocios. “The market will make us real as a university” (El mercado nos hará una realidad como universidades).

Para las universidades latinoamericanas, principalmente las públicas, aunque hay algunas privadas que también profesan esos principios, la intención, el objetivo debe ser llevar a la sociedad los principios universitarios del conocimiento, de la critica, de la propuesta. Se trata de establecer una sinergia entre el conocimiento nuevo y su capacidad innovadora y los problemas que la sociedad enfrenta.

Las diferencias son, en verdad, abismales. Unos, los norteños, entienden que su deber es servir al mercado que tiene inmensos poderes, y benéficos todos y, los otros, los latinoamericanos públicos y algunos privados sin fines de lucro, como las universidades pontificias jesuíticas, el asunto es cómo servir a la sociedad, desde la Universidad.

Desde la perspectiva del que escribe, la versión mercantilista de la educación y su férrea decisión del servir al mercado, es errónea y francamente castrante del conocimiento y la complejidad que la acompaña. Vaya limitación aquella que piensa que las universidades lo que tienen que hacer es establecer, solamente, una funcionalidad perfecta entre el abogado, el ingeniero, el químico y sus futuros empleadores. Según ellos, lo que más importa es el mercado. La sociedad, por medio de esa relación, se beneficiará. Creo que habría que favorecer más aquella postura que predica que la responsabilidad universitaria mayor es con la sociedad. Particularmente en una como la latinoamericana en dónde la desigualdad es el sello de la casa. Servir a la sociedad es inevitablemente, por el efecto de la desigualdad, no solo servir a los más, sino a los que más necesitan de atención. Pero además, esa cualidad no clausura el hecho que, en efecto, las universidades deben garantizar que la futura empleabilidad de sus egresados esté medianamente garantizada. Por lo menos en lo que respecta a las competencias básicas de los diversos campos del conocimiento. Servir a la sociedad y a las aspiraciones de los individuos en la universidad es factible y hay que hacerlo. No comulgo con aquella visión expresada por Mr. John Kerry, Canciller de los Estados Unidos, que hizo una charla para los rectores en el foro, que dice que acercando las universidades al sector privado, paz, trabajo y empleo tendrían mejores perspectivas. Todo eso no se juega solamente en el mundo de esas relaciones. Es mucho más que eso. Penoso fue constatar que en la propuesta de declaración del Foro, que afortunadamente no se adoptó, el gobierno de Panamá propusiera puntos de acuerdo semejantes a los de los norteamericanos. Y no porque provinieran de los norteamericanos. No. Simplemente porque son equivocados.

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