Opinión

Universidad sin universidad

Enrique Dussel ha terminado su gestión al frente de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. Gil lo leyó en su periódico Reforma. Profesores, estudiantes y trabajadores organizaron un acto de agradecimiento para el filósofo (but off course, diría el clásico) Dussel en el plantel de San Lorenzo Tezonco. El ex rector dijo adiós a la universidad al tiempo que expuso algunos vacíos de la institución. Uno de ellos, que en la universidad hay una flexibilidad mal entendida que lleva a quienes ahí estudian y trabajan a incumplir con sus obligaciones.

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gamés recordó que las inscripciones para entrar a esa casa de estudios se rifan. Un navío, navío cargado de mil inscripciones y 50 plazas de maestros. Pas mal, ¿para qué tanto lío con los exámenes de admisión y otras costras de la educación burguesa? Dussel reconoció que en la institución hace falta un Estatuto del Personal Académico, otro del Personal Administrativo y una revisión al Estatuto General Orgánico. Rayos, al parecer, la universidad no posee documentos que organicen y disciplinen a sus integrantes. Un instituto de educación superior sin estatutos, chulada de imagen, o como se diga.

“Creo que tenemos que iniciar la etapa de una universidad crítica y en este sentido, la universidad daría un paso gigantesco en su futuro (…) lo crítico es lo negativo, lo que se oculta y no se muestra”. Aigoeeei. A Gamés se le hizo bolas el engrudo de la cabeza: “los crítico es lo negativo, lo que se oculta y no se muestra”. Es decir, ¿una universidad crítica “debe ser” una universidad negativa? ¿Y cómo son esas? Cuando el sistema educativo se parece muchísimo al juego de las escondidillas hay que salir como alma que lleva el diablo de las aulas críticas.

La nota de Mirtha Hernández de su periódico Reforma anota que Dussel pidió a los alumnos que asistan a clases “pues su asistencia puede marcar la diferencia en su trayectoria”. La imagen del rector rogando a los alumnos que entren a clases le provoca a Games una especie de desolación en el alma. Entren a clases muchachos, aunque sea una vez a la semana. Dioses de la educación, si existen, bajen y hagan algo al respecto, en México hay una universidad sin universidad y al parecer a nadie le importa una almendra (cuyo valor está ligeramente encima de un cacahuate).

El filósofo Dussel dijo en su discurso de despedida que es muy importante revisar los planes de estudio y pensar en carreras que atiendan las necesidades de la sociedad como la Economía Crítica y la Nutrición. Los nutriólogos son necesarios, se entiende cuando uno ve a los gordos en las calles, pero ¿para qué se necesitan economistas críticos? Si con los que tenemos no damos golpe, en fon, nada importa, en la UACM nadie se titula, los alumnos envejecen en las aulas y los maestros les enseñan a tomar instalaciones públicas.

El filósofo que ocupó el cargo de rector después del pleito con la rectora Orozco, a quien las huestes de Morena le hicieron la vida imposible, pidió que la Universidad de la Ciudad de México crezca en alumnos y planteles. Informó que ha tenido pláticas con el Jefe de Gobierno para que el DF les done un predio de 19 mil metros cuadrados. Poca cosa, diría Gil, que el gobierno les regale dos o tres predios de igual tamaño, los resultados de la universidad así lo exigen.

Oigan esta numeralia publicada en su periódico Reforma: alumnos titulados en 14 años: 498. Alumnos que se han matriculado: 37 mil. Alumnos matriculados que no se inscriben en materias: 4 mil. Alumnos que se han graduado: mil 700.

Estos números demuestran que hemos logrado la primera universidad fantasma del mundo. México pasará a los anales (no empiecen) de la educación por la creación de una institución (orgía de ciones) que no existe pero sí existe: la ves y no la ves. Felicidades filósofo Dussel, su trabajo y el de ChenKai enorgullecen a la organización internacional de magos de occidente. Nos vemos mañana, pero en privado, ¿o cómo era?

La máxima de Locke espetó dentro del ático: “Ningún conocimiento humano puede ir más allá de su experiencia”.

Gil s’en va