Opinión

UNAM, rescatar un pedazo de cielo

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Espacio Escultórico UNAM. (Tomada de Facebook)

En torno al fallido proyecto de privatización de la avenida Chapultepec, hubo el año pasado quien dijo que los “opositodo” lograrían su cometido: se cancelaría no sólo el nefasto segundo piso, sino que de paso se echaría por tierra la posibilidad de cualquier rescate de esa insegura y fea vía. Como van las cosas, la profecía se está cumpliendo.

¿Lo anterior quiere decir, entonces, que la ciudadanía debería sólo ver las supuestas virtudes de iniciativas oficiales y pasar por alto defectos (a veces mayores o graves) de las mismas?

La respuesta es obvia. El proponer “hacer algo” ni es un mérito per se de las autoridades, ni salva a éstas de la obligación elemental de convencer a los más de que se está no sólo ante una buena idea, sino ante la mejor de las posibles en un contexto dado.

Chapultepec naufragó porque el proyecto hacía agua por doquier. Sin embargo, es cierto que la derrota de esa privatización no será una victoria de la ciudadanía si en esa avenida no se concreta alguna intervención de valía. Y el activismo ciudadano que tanto hizo por detener el adefesio debe igualmente mostrarse resuelto y efectivo para lograr que la avenida no siga abandonada a su mala suerte.

Se trata, pues, del deber de también participar en la elaboración de soluciones, no sólo de ser buenos para conjurar errores.

Obligados por las circunstancias, en esas anda un grupo de ciudadanos que se ha comprometido a defender el Espacio Escultórico de la UNAM, de un agravio ya consumado.

Resumiré la polémica en dos líneas, pero pueden enterarse de los detalles en la página de Facebook llamada Salvemos el Espacio Escultórico (https://www.facebook.com/salvemoselespacioescultorico/?fref=ts)

Conceptualizado por artistas como Mathias Goeritz, Manuel Felguérez, Federico Silva, Helen Escobedo, entre otros, el Espacio Escultórico es una singular obra que desde 1979 integra el terreno volcánico, la cultura prehispánica y el paisaje de manera única en la ciudad de México. Es considerada, junto con las Torres de Satélite, la escultura monumental más importante de México.

Esta obra ha recibido un sólido golpe. Desoyendo protestas, desestimando firmas y oficios que oportunamente se les hicieron llegar, las autoridades de la Universidad Nacional Autónoma de México construyeron una torre que por su altura ha irrumpido en el paisaje que se ve desde el Espacio Escultórico, lo que significa romper el concepto visual del mismo: en vez del espacio infinito, la mirada desde esa obra hoy se topa con cuatro pisos de un edificio, el H, de la Facultad de Ciencias Políticas.

Varios ciudadanos se han dado a la tarea de no llorar por la leche derramada. Antes que lamentarse por sobre cómo pudo ser que la misma UNAM haya vapuleado de esa manera uno de sus espacios más originales, estos ciudadanos quieren, en cambio, resolver el entuerto.

Para los activistas, que ya cuentan con 25 mil firmas de apoyo, sólo hay una salida posible: que esos cuatro pisos del edificio H sean desmontados. Pero, notablemente, proponen en que la solución no cueste necesariamente a la UNAM y que tampoco se cancele la posibilidad de dotar a alumnos y personal de Ciencias Políticas de los espacios que se quitarán.

Involucrado en esta lucha, el artista Pedro Reyes dice que se trata de no conformarse con que lo hecho, hecho está. Debemos, insiste, rescatar un pedazo de cielo.

Sería una excelente noticia que la UNAM -que ya ha instalado un comité- y los activistas construyan una salida a este caso que nos libre de ese fatalismo de que sólo somos buenos para encontrar a cada solución un problema.

Twitter: @SalCamarena

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