Opinión

Una visión Pan-Atlántica del renacimiento de la energía atlántica

El renacimiento de la energía del Atlántico ya está en marcha: no sólo en Estados Unidos, sino en toda la cuenca atlántica. La “revolución” de los hidrocarburos no convencionales en América del Norte ha sido impresionante, impulsada por el gas del esquisto de Pennsylvania y Texas, los crudos esquistos bituminosos de Dakota del Norte y las arenas bituminosas de Alberta. El rápido desarrollo en la producción de petróleo en alta mar en aguas profundas del Atlántico Sur, de Brasil y Guyana a Ghana y el Golfo de Guinea, también han contribuido a esta transformación del Atlántico. Asimismo, la cuenca del Atlántico es también el líder mundial en la revolución del bajo carbono.

Por primera vez en la historia contemporánea, el centro de gravedad de la energía se está desplazando desde la “Gran Media Luna“ (Great Crescent o Heartland) -el tradicional mundo exportador de energía que incluye a Rusia, Asia Central y al Medio Oriente- hacia la cuenca del Atlántico. El Atlántico se aproxima ya a Oriente Medio como una fuente de poco más de un tercio de las importaciones mundiales de petróleo. Más del 40 por ciento de las reservas mundiales comprobadas y la producción diaria de hidrocarburos convencionales son ‘Atlántico’, una participación que se prevé vaya en aumento debido a la tendencia mundial de los recientes descubrimientos y expectativas futuras. En el área de hidrocarburos no convencionales, la Cuenca Atlántica posee más de la mitad de las reservas mundiales estimadas de gas de esquisto y petróleo de esquistos bituminosos y, por el momento, toda la producción no convencional.

Otras tendencias claves del sector energético actual -como el fomento de la biomasa y las energías renovables (eólica, hidroeléctrica pequeña y solar)- están estimulando las prácticas sostenibles de energía a través del Atlántico, en general. Más de dos tercios de la capacidad instalada de energías renovables se encuentran en la cuenca Atlántica. Si bien la mayoría de las energías renovables se han desplegado en el Atlántico norte, los impulsos más dinámicos están teniendo lugar en África y América Latina. Además, más del 85 por ciento de la economía mundial de biocombustibles se encuentra dentro del espacio Atlántico, con el mayor potencial futuro situado en el Atlántico Sur.

No sólo está en expansión el peso relativo del Atlántico en la energía mundial, sino que los vínculos comerciales y de inversión de la energía, y la regulación, se han intensificado, sentando las bases para un sistema de Cuenca Atlántica. Este naciente “sistema energético de la Cuenca Atlántica” es relativamente autónomo con respecto a la economía mundial de la energía, generando incentivos para la cooperación pan-Atlántica de energía.

Este “Renacimiento Atlántico” se hará sentir mucho más allá del mundo de la energía. Los cambios que se están generando a través de la cuenca en energía, el cambio climático, la economía “azul” (o marina), el comercio, las finanzas, la inversión en infraestructura, el desarrollo sostenible, y el transporte y las comunicaciones están sumando en las sociedades del Atlántico formas nuevas y dinámicas socioeconómicas de gran interés. Así como el Renacimiento en Europa revolucionó la cartografía mundial, el “Renacimiento Atlántico”, catalizado por la energía, vuelve a articular el mapa geopolítico mundial, revelando una nueva serie de riesgos para la seguridad humana y de nuevas oportunidades para la cooperación transnacional.

Conscientes de este potencial, una notable variedad de personalidades procedentes de los cuatro continentes del Atlántico avanzan hacia una iniciativa de la Cuenca del Atlántico para hacer frente a las oportunidades y desafíos panatlánticos. En el campo de la energía, el recién formado Foro de Energía Atlántica, está reuniendo actores públicos y privados para identificar mecanismos de colaboración transnacional de la energía y la gestión del potencial de la energía de la Cuenca del Atlántico.

La Cooperación Pan-Atlántica, especialmente en el campo de la energía, ofrece una nueva manera para aprovechar la innovación energética en los países desarrollados y en desarrollo, que será necesaria para hacer frente a los desafíos en curso de la pobreza energética, el cambio climático y el desarrollo sostenible.

*El autor de esta columna es Asociado Senior en el Centro para las Relaciones Transatlánticas en la Universidad Johns Hopkins SAIS en Washington, D.C. Vicente López-Ibor Mayor es Presidente de Estudio Jurídico Internacional y ex Consejero de la Comisión Nacional de Energía de España.