Opinión

Una revolución
en la CDMX

    
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El transporte colectivo será renovado

Para usar palabras de la revista The Economist, es posible que ayer se haya vivido el discreto arranque de una revolución en el transporte público de la Ciudad de México.

El tema de los estacionamientos es monótono incluso para los planificadores, dice el semanario en un artículo titulado 'Espacios sagrados', donde aborda los problemas que se derivan de los estacionamientos en las ciudades.

“Sin embargo, los estacionamientos influyen sobre la imagen de las ciudades, así como en la manera en que la gente se mueve a través de ellas, más poderosamente que casi cualquier otro factor. Muchas ciudades tratan de volverse más atractivas introduciendo carriles para bicicletas o líneas de tranvías, o encargando arrogantes edificios a arquitectos famosos. Pero si no cambian sus políticas sobre estacionamientos, tales esfuerzos no irán más allá de ser una pantalla. Sólo un concepto responde a la pregunta de por qué las calles de Los Ángeles lucen tan diferentes a las de Londres, y por qué ninguna de esas ciudades se asemeja a Tokio: el estacionamiento”. (http://econ.st/2oeEviC)

The Economist se lanza en ese artículo en contra de los estacionamientos gratuitos estilo americano. Pero como el propio semanario subraya, incluso los parqueaderos que no cobran están lejos de ser gratis. No sólo porque en el pago del cine uno terminará costeando el sitio donde dejó el auto, sino por los graves efectos urbanos que la política de hacerle la vida fácil a los carrotenientes conlleva.

Aterrizado a la Ciudad de México, es justo reconocer el paso dado ayer por el gobierno de la capital al modificar la política de estacionamientos, que pasó de mínimos a máximos: es decir, los constructores de edificios habitacionales, comerciales y de servicios ahora podrán optar por tener los menos espacios para autos antes que cumplir con un mínimo que les exigía, hasta el lunes, la ley en la CDMX.

El cambio en la norma podría tener su impacto inmediato en los costos de las edificaciones. Según Arquine, más de 40 por ciento de lo que hasta hoy se construía eran cajones de estacionamiento. Sin embargo, como esa misma publicación especializada destacó en mayo pasado, “exigir tanto estacionamiento a cada edificio es suponer que la capacidad vial es infinita”. (http://bit.ly/2qAbE5S)

Esa es la revolución que podría haber iniciado. Una que marque un antes y un después en la manera en que nos movemos en la capital, que es lo mismo a decir: en la forma en que vivimos más, y padecemos menos, nuestra ciudad.

Por una vez hay que estar de acuerdo con Miguel Ángel Mancera. La Ciudad de México entra en la lista de aquellas ciudades, como Londres desde 2004, donde queda abolida la lógica de incentivar la idea de que si tienes un auto la ciudad paga los servicios para que tú dispongas de él como gustes.

Pero la revolución sólo se concretará si ocurren otros dos milagros, uno institucional y uno a nivel individual.

La modificación planteada por el gobierno de la ciudad incluye la disposición para que los pagos que constructoras realicen por tener cajones extra se vayan a un fondo, que se aplicará íntegro a temas de movilidad, es decir de transporte público.

Ojalá por una vez el gobierno capitalino sea transparente y eficiente en derivar esos fondos a esos fines. Ojalá.

El otro milagro toca a los chilangos. ¿Tendremos la voluntad de desprendernos de nuestra cultura individualista y carrocéntrica? Antes de pensar en el yocompromicarroypagomicajón y sálvese quien pueda, ¿exigiremos más y mejor transporte público?

La capital dio un paso. Toca dar otros.

Twitter: @SalCamarena

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Recetario de periodismo de Buendía, vía JEP