Opinión

Una esperanza
llamada Francisco

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Papa Francisco

Una de las especulaciones de moda tiene como protagonista al Papa Francisco. Tribunas y sobremesas se cuestionan: ¿Jorge Mario Bergoglio será un visitante abiertamente crítico de la realidad mexicana y sus gobernantes? ¿O, por el contrario, será un pastor de dosificados y crípticos mensajes? Aunque el enigma se desvelará a partir del viernes próximo, día en que Francisco aterrizará en nuestro país, el Papa ya ha intentado quitarse un poco de la presión sobre lo que dirá o no dirá en México: en una entrevista con Notimex ha advertido que no llegará “como un rey mago cargado de cosas para llevar mensajes, ideas, soluciones a problemas”. http://bit.ly/1PDBzD9

A pesar de ese intento del Papa por bajar expectativas, organismos de derechos humanos ven la visita del Obispo de Roma como una oportunidad de oro para intentar romper el cerco, así dicen ellos, que existe en torno al tema de los derechos humanos.

Y es que algunas OSC han venido calificando como cerrazón la falta de respuesta de las agencias gubernamentales e importantes organizaciones mediáticas a la amplia agenda de pendientes en Derechos Humanos.

Por eso no extraña que este jueves, diversas organizaciones de la sociedad civil hayan hecho pública una carta abierta, en donde piden a Francisco “que en los encuentros oficiales de su próxima visita al país, se refiera a la alarmante situación por la que atraviesa México en materia de derechos humanos”.

La misiva, que se puede consultar aquí, http://bit.ly/20cHxfY, hace un tétrico recorrido de los pendientes que tiene el Estado Mexicano: “Tan solo de diciembre de 2006 a diciembre de 2014, se registraron 4,055 denuncias por tortura ante la Procuraduría General de la República, de las cuales, 1,273 corresponden a denuncias contra militares. De igual forma, se tienen oficialmente contabilizados 27,638 casos de desaparición de personas, muchos de los cuales han sido cometidos por funcionarios públicos en el contexto de la actual política de seguridad”.

Firmado por decenas de organizaciones, incluidas universidades y centros de análisis, el texto recuerda tragedias puntuales como Tlatlaya o Iguala; y al mismo tiempo extiende la agenda de pendientes más allá de la inseguridad: pide al Papa revisar las violaciones a “derechos económicos, sociales, culturales y ambientales”.

En el documento denuncian que el gobierno de Peña Nieto desoye la gravedad de la situación: “Pese a diversos señalamientos en los últimos 6 años por parte de organismos internacionales sobre el carácter generalizado de la violencia e impunidad, y la falta de garantías para la exigibilidad de los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales, la postura del Gobierno mexicano, particularmente en la presente administración, ha consistido en minimizar y señalar los casos de graves violaciones a derechos humanos como hechos aislados”.

Especialistas en temas religiosos, como Bernardo Barranco, han señalado que la visita podría resultar igualmente incómoda para el clero mexicano, que, salvo honrosas excepciones, también ha desentendido la agenda de las violaciones de los derechos humanos. Qué notable resulta que luego de dos alternancias en la Presidencia de la República, la visita de un Papa sea vista por importantes organismos como una oportunidad crucial para hacer visibles pendientes en derechos humanos. Es como si viviéramos de nuevo en el antiguo régimen. O como si viviéramos en un régimen, díganme exagerado, como el cubano. Situaciones típicas en las que los disidentes tratan de combatir la cerrazón del gobierno aprovechando la visita de un dignatario.

¿Enarbolará Francisco el discurso de las víctimas, de las violaciones a los derechos de los pueblos originarios, de la devastación ambiental y de la falta de justicia? Falta poco para saberlo.

Twitter: @SalCamarena

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