Opinión

Una discusión civilizada

 
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Una discusión civilizada.

Ayer, por primera vez como secretario de Hacienda en esta administración, José Antonio Meade, acudió al pleno de la Cámara de Diputados a defender el Paquete Económico 2017.

El gran tema del secretario frente a los legisladores fue el recorte del gasto.

Quizás si la audiencia fueran las calificadoras, el tema principal hubiera sido la viabilidad del superávit primario.

Pero algunos legisladores no sólo no quieren recorte, sino que hubieran querido ampliación del gasto.

¿Existía la posibilidad de no recortar?

Tal vez si el entorno externo fuera estable, si no hubiera riesgo de un triunfo de Trump, si este gobierno estuviera comenzando, quizás se podría haber dejado el gasto sin recortar.

No haberlo hecho en el entorno actual hubiera significado más presiones financieras en los próximos meses, incluyendo presiones cambiarias.

Sin duda el recorte planteado es importante. Respecto al Presupuesto aprobado el año pasado son 239 mil millones.

Pero si adoptamos una visión de largo plazo, en realidad, sólo se está quitando el “copeteado” al gasto público que creció fuerte en la última década.

En 2007, antes de la crisis, el gasto neto total del sector público era el equivalente al 21.8 por ciento del PIB y había crecido 2.6 puntos porcentuales del PIB desde el año 2000 hasta ese año.

Para el cierre del sexenio de Calderón, en 2012, ese porcentaje llegó al 25.1 por ciento del PIB. Es decir, creció 3.3 puntos en sólo 5 años.

Se entiende si se recuerda el contexto de la grave crisis que sufrió la economía mexicana en esos años y el uso del gasto para tratar de estimular la actividad económica.

El problema es que pasó la crisis y no se frenó el crecimiento del gasto. De 2012 al estimado de cierre de este año hubo otro crecimiento de 2.1 puntos porcentuales.

Ya le expliqué en otra ocasión (‘¿A dónde se fueron los impuestos?’, del 5 de septiembre pasado) que hay muchas presiones del gasto: participaciones, costo financiero, pensiones, y que eso motivó parte del crecimiento.

Sin embargo, en lugar de reducir otras partidas, el gobierno siguió gastando.

Entre 2012 y 2015, el gasto corriente estructural pasó de 11.4 por ciento del PIB a 12.0 como estimado para cierre de este año.

Con el recorte, la intención es dejarlo en 9.9 por ciento del PIB, que es el nivel que tenía antes de la crisis de 2008 y que aun así es superior en 1.7 puntos al que se tenía en el 2000.

El tono de la discusión ayer en la Cámara de Diputados mostró que el estilo del secretario Meade facilita el diálogo.

No hubo mantas, pancartas, gritos o insultos, sino críticas y respuestas.

Si ese es el tono, ya no sólo de la comparecencia sino de la negociación del Paquete Económico, lo más probable es que pueda salir adelante sin demasiado ruido y con los cambios pertinentes que se le tienen que hacer.

Es difícil a estas alturas del sexenio, pero la discusión que debiera darse, más allá de la de carácter coyuntural es la referida a qué Estado es el que queremos, pues de ello depende que el gasto sea mayor o menor.

Hay que decirlo claramente: el famoso ejercicio del Presupuesto Base Cero no sirvió y quedó como asignatura pendiente.

Twitter:@E_Q_

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