Opinión

Una crisis que no termina

 
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Donald Trump (AP)

En la próxima semana se realizarán las reuniones anuales del FMI y del Banco Mundial, y las secuelas del terremoto financiero que comenzó un 15 de septiembre de 2008, hace poco más de ocho años, todavía afectan severamente a la economía mundial.

Le enlisto algunos efectos del desastre, que han seguido presentes.

1.- El bajo crecimiento mundial. Entre 2000 y 2007 la economía mundial creció a una tasa anual media de 4.3 por ciento. De 2008 al estimado de 2016 por parte del FMI, la tasa promedio fue de 3.2 por ciento. El contraste es mayor si vemos las naciones avanzadas. El promedio anual del crecimiento hasta antes de la crisis era de 2.6 por ciento; en los años que siguieron y hasta este año, es apenas de 1.0 por ciento. La realidad es que el mundo no ha podido remontar el desastre.

2.- Los remedios trajeron problemas. Para hacerle frente a la recesión más grave desde la crisis de 1929, se pusieron en marcha en Estados Unidos primero, luego Japón y ahora Europa, políticas monetarias expansivas. Estados Unidos fue el único país en el que más o menos funcionaron. En Japón no del todo y en Europa simplemente no ha logrado revertir la caída. La 'normalización' de las condiciones monetarias en Estados Unidos ha creado un clima de incertidumbre que aún tiene al mundo entero en vilo, ante la posibilidad de que se comience un ciclo alcista de las tasas en un mercado distorsionado por la expansión monetaria de Europa y Japón. Más allá de Trump, estructuralmente el dólar caro que vemos tiene en el fondo este marco.

3.- Las crisis económicas derivaron en crisis políticas. Los procesos de globalización ya producían desde antes de 2008 un cuadro donde había muchos perdedores. La crisis acentuó los contrastes y redujo los márgenes de maniobra de los gobiernos para amortiguar los efectos negativos de la mayor integración. Este hecho ha propiciado el surgimiento de movimientos políticos como el que llevó al Brexit en Gran Bretaña o al que tiene a Trump como un candidato con posibilidades de llegar a la Casa Blanca. El malestar generalizado ha creado poderosas fuerzas antisistema. También ese hecho está en el fondo de nuestra devaluación.

4.- Se dispararon las deudas públicas. El desendeudamiento del sector privado tras la crisis implicó por el contrario un endeudamiento del sector público. En 2007 la deuda pública bruta era equivalente a 71.4 por ciento del PIB en el conjunto de las naciones avanzadas. El estimado del FMI es que este año va a terminar en 106 por ciento, un incremento de más de 34 puntos porcentuales. Y luego las calificadoras se escandalizan porque en México está en cerca de 50 por ciento. ¿Cómo era eso de la paja y la viga?

5.- No se han recuperado las expectativas. Uno de los problemas más grandes que existen es que después del estallido de la crisis de las hipotecas basura y todas sus secuelas, no se ve aún luz al final del túnel. No existe en el horizonte un lapso en el cuál claramente se perciba que la economía de las naciones avanzadas pueda volver a crecer como antes de 2008. Más bien, parecen multiplicarse los problemas y alimentarse entre ellos.

Si a este cuadro le agrega el “factor Trump”, que esperemos que venga a menos tras el debate de ayer, tenemos el telón de fondo del mundo complejo con el que tendremos que lidiar en los próximos meses.

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