Opinión

Una cosa es una cosa

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil observa, no sin melancolía, que cada vez entiende menos del charco de la vida pública y que su puntería falla. Gamés siempre pensó que llevar adelante la reforma energética convertiría las negociaciones en un potrero; incluso Gilga consideró que la reforma en telecomunicaciones se realizaría en aguas maduras, o como se diga, pantanosas, negras, y que los magnates se darían hasta con la cubeta del ice buckett Challenger. Igual la energética fue un potrero y la de telecomunicaciones incluyó baldes de agua helada, pero no se convirtió en el espectáculo principal. En cambio la educativa, Dios de bondad, qué herradero. Y lo que ha revelado el toma y daca de la reforma: para morirse de la pena propia y de la pena ajena.

Gil lo leyó en sus periódicos La Razón y Reforma. Según un estudio de México Evalúa, 26.4 por ciento de la nómina del magisterio nacional registra anomalías que provocan pérdidas anuales por 51 mil 487 millones de pesos. No sobra decir, como lo hace Sonia Valle en su nota de Reforma, que se trata del dinero de los mexicanos. Gamés no quiere ni puede imaginar el rastro de corruptelas, transas, trapacerías, sobornos e ilegalidades, que dejan esas anomalías en el curso del robo de esa cantidad de dinero.

Los magos de la nómina

La mala noticia, o pésima, o catastrófica, es que un porcentaje de maestros que Gamés ignora, son corruptos. Muchos de quienes se dedican a enseñarle a los niños son bien transas, con la pena. El documento de México Evalúa informa “por vez primera, de las inconsistencias entre la nómina magisterial que entregaron los gobiernos estatales a la SEP y los datos del censo educativo”.

Con la novedad de que se nos han perdido 591 mil 222 empleados del sector educativo. Gil imagina la noticia leída en Finlandia: en México son magos, desparecen a miles y miles de maestros y luego ya nadie los encuentra.

Pongamos un anuncio: “Si ha visto usted a 591 mil empleados educativos, favor de comunicarse con Chaffett, o como se llame”. Marco Fernández, autor de la investigación, ha calculado una pérdida o fraude de “50 mil millones de pesos tomando como base el sueldo de siete mil 255 pesos al mes de un maestro de primaria”. Gil no necesita ser Piaget para darse cuenta de que mientras se despachan con el cucharón del pozole los maestros del SNTE y de la CNTE, los niños van a escuelas sin luz, sin baño, sin pizarrón, sin bancas.

Más y más

Claudio X. González, presidente de Mexicanos Primero, ha dicho que estamos “ante el robo del siglo” que ocurre cada año en la nómina magisterial: “Oceanografía y la Línea 12 son un juego de niños. Este es el juego de adultos que ha lastimado a la educación del país”. Por cierto, según este estudio, hay 184 mil 915 maestros comisionados y que 113 mil trabajan en otro lugar. Las cifras son tan grandes que Gamés, inseguro como es, ha llegado a pensar que en realidad es un maestro comisionado y medio piloto aviador.

¡Granujas!

En realidad, en materia educativa México necesita una reforma, pero sobre todo una redada, y de las grandes. ¿Y los responsables? ¿Todos? Na. Sí, el priismo es el causante de lo que pretende corregir, pero no podemos irnos hasta el virreinato para encontrar la verdad de la catástrofe educativa. ¿Qué le dicen a Gamés de los gobiernos de Vicente Fox y Felipe Calderón? Nada más le regalaron la SEP a Elba Esther Gordillo.

Reyes Tamez Guerra, secretario de Educación de Fox, sopea un polvorón en su chocolate mientras obedece a sus jefes de Nueva Alianza, cobra en el partido y ordena los frutilupis de su cabeza. Y Josefina Vázquez Mota, secretaria de Educación de Calderón, que no ata ni desata --para qué más que la verdad--, se dispone a volver a la política. En qué cabeza cabía pensar que la señora Vázquez Mota podía ser presidenta de México si no le aguantó un round a Elba Esther. En fin, ese costal es de otra harina, o como se diga. Ahora mal, después de las cifras reveladas por sus periódicos Reforma y La Razón, Gil concluye con un poderoso argumento de filosofía educativa: una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa.

La máxima de Francois Mauriac espetó dentro del ático de las frases célebres: “No siento el menor deseo de jugar en un mundo en el que todos hacen trampas”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX