Opinión

Un regalo para Andrés Manuel

Hay tantos que se preguntan por qué Andrés Manuel López Obrador está tan callado estos días, que no son pocos quienes piensan que el dos veces candidato presidencial está acabado. Tuvo un infarto cuando se discutía la reforma energética que lo tuvo dos meses en convalecencia, y su movilización callejera, que era la Némesis de Los Pinos, nunca se dio. Tampoco hizo nada en contra de la Ley de Telecomunicaciones, ni saboteó la reforma política. Menos aún se pronunció de manera incendiaria y activa a favor de la rebelión contra la reforma educativa.

Ha reducido significativamente sus declaraciones y el volumen, y ya dejó de utilizar el nombre del expresidente Carlos Salinas, como el referente de todo contra lo que hay que luchar. Pero López Obrador no está agotado ni es una figura política en desuso. Quien conoce su forma de actuar, sabe que su repliegue es estratégico. Sus movimientos han requerido menos vigor que otros años, no por él, sino porque los errores de sus adversarios, alinean las estrellas a su favor.

La primera oportunidad se la abrió con la crisis en la izquierda reformista de Nueva Izquierda, la corriente del PRD que encabeza Jesús Zambrano, fundador de Los Chuchos, cuyas alianzas están colapsando. La principal que tenían, con Izquierda Democrática, la segunda corriente más poderosa del partido, que dirige René Bejarano, está rota. El puente entre las dos tribus, Marcelo Ebrard, exjefe de Gobierno del Distrito Federal, se fracturó. La captación de perredistas históricos se disolvió al no ceder Carlos Navarrete su pretensión de presidir al PRD a favor de Cuauhtémoc Cárdenas. Miguel Barbosa, coordinador en el Senado y una de sus figuras más fuertes en la actualidad, los abandonó la semana pasada.

La fuerza que tienen Los Chuchos hoy es la razón de su debilidad: la cercanía con el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto. Su participación activa y militante dentro del Pacto por México y la pretensión de un manejo autocrático de las bancadas perredistas, motivó la ruptura de la interlocución y acción coordinada en el Senado, y el descrédito de los electores de izquierda que los perciben como mercenarios pagados por el PRI. El rechazo a esa corriente que controla la burocracia del PRD, motivó la creación de la Coalición de Izquierda, un bloque opositor a Los Chuchos, cuyos principales aliados son el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera –cuyo nivel de aceptación lleva meses de caída ininterrumpida–, y Foro Sol, la corriente fundada por Amalia García, a la que pertenece Silvano Aureoles, probable presidente del Congreso para el próximo periodo, que sueña con el gobierno de Michoacán.

La crisis en el PRD le ayudó a López Obrador a no desgastarse, ni tener que dinamitar a la izquierda en el corto plazo para construir su proyecto en el largo. Sin quererlo, Los Chuchos le ayudan a ese trabajo de demolición con la crisis de su liderazgo. Para ellos, la estación de 2015 son elecciones para su sobrevivencia. Para López Obrador, 2018 es lo que cuenta. Por eso la fundación de Morena es tóxico para su tribu. Lo verán en unos meses.

Morena, como nuevo partido, tiene que obtener al menos 3.0 por ciento del voto el próximo año, para no perder el registro. Sin problema. Encuestas confidenciales de partidos rivales, ubican a López Obrador como el segundo político mejor calificado en el país, después de Peña Nieto, quien le dobla el apoyo del electorado, pero casi 50 por ciento por encima de Mancera, quien se encuentra en tercer lugar. No hay que olvidar que el presidente y el jefe de Gobierno capitalino aparecen todo el tiempo en medios, mientras que la presencia del tabasqueño aún es marginal.

Visto de otra forma, López Obrador, sin medios, campaña formal o batería de spots, vale 20 por ciento del electorado él solo en la actualidad. Morena, que acaba de nacer, tiene 18 por ciento de la preferencia electoral en la ciudad de México, contra 22 por ciento del PRD. Los porcentajes van a variar cuando haya candidatos y campañas, pero aun así, la implantación de Morena y López Obrador en la ciudad de México, bastión de la izquierda, pone en riesgo la viabilidad del PRD de Los Chuchos.

El avance de López Obrador suma la debilidad de Mancera, que ha decepcionado a todos, de acuerdo con las encuestas, menos al gobierno federal. La caída la huele, pero no necesita empujarlo. El PAN y el PRI se encargarán de lastimarlo. Llevan semanas en busca de una alianza en el Distrito Federal para competir juntos contra el PRD, que ha tenido el control de la capital desde 1997. Los Chuchos y Mancera no serán un buen tándem electoral en 2015, de mantenerse la ruta de acción que siguen.

La cultura autoritaria de Los Chuchos, cegados por el espejismo del acceso a Los Pinos, los ha llevado a no compartir el poder con otras corrientes. Una debacle del PRD en las elecciones del próximo año, como se prevé por la destrucción de los pactos que los mantenían cohesionados, los introducirá en un largo invierno. No a todos. La derrota de la izquierda sería de ellos y sus aliados, por alejarse de las bases por intimidar con el poder, regalándole votos y electores a López Obrador, quien en estos tiempos sólo necesita abrir los brazos y cacharlos.

Twitter: @rivapa