Opinión

Un negociador racista

 
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En días pasados el ingeniero Carlos Slim ofreció una conferencia cuyo fin último fue tranquilizar a los mercados y al público en general dando una imagen halagüeña de Donald Trump. No es un monstruo sino “un gran negociador… No un Terminator sino un Negociator”, nos vino a decir. Olvidó mencionar que también es racista, xenófobo, misógino, creacionista y antiecologista.

Bajo la óptica de Slim un negocio es un negocio, independientemente de si se hace con Dios o con el Diablo. Pero en serio, ¿es lo mismo negociar con una nación democrática que, por decir algo, con la Sudáfrica del Apartheid, con el régimen de Gaddafi o con la Alemania de Hitler? Hago un alto: ¿no es una absoluta exageración compararlo con Hitler? Después de todo, no ha construido campos de concentración ni ha perseguido a ningún pueblo. Cierto, no lo ha hecho… aún. Pero convengamos que sus andanadas antimexicanas o antimusulmanas apuntan en ese sentido. Más todavía. Miremos su entorno.

Enfoquémonos un momento en un solo personaje, en su principal asesor: Steve Bannon. ¿Quién es este individuo?

Steve Bannon es un fanático racista. Para entender el peso de este personaje basta un dato. Hace apenas unos días –todo sucede vertiginosamente en ese gobierno– Donald Trump reestructuró el Consejo de Seguridad Nacional para incorporar a Bannon. Participará de este modo en todo lo relacionado con la seguridad internacional e interna con un peso semejante al del secretario de Defensa. Bannon, antes de formar parte del equipo de Trump, fue director del ultraderechista portal de noticias Breitbart News. Su arribo a la Casa Blanca fue saludado con entusiasmo por el Ku Klux Klan y por los grupos neonazis. Su portal de noticias se caracteriza por su racismo, antisemitismo, sexismo y por la difusión de teorías de la conspiración. En el encuentro con el equipo mexicano comandado por Luis Videgaray en la Casa Blanca “Steve Bannon fue quien más habló y centró todo el encuentro en temas migratorios, en el muro… no hubo espacio para economía o comercio” (La Política online, 25 de enero).

Con Steve Bannon el racismo, el antisemitismo, la misoginia (“¿Preferirías que tu hija tuviera feminismo o cáncer?”, es una de sus frases típicas), el antiecologismo (“Ninguna de las personas involucradas en la estafa del calentamiento global merecen la más mínima pizca de respeto. Son pura escoria”, escribió) han entrado por la puerta central al sitio más alto de la política estadounidense. Con él tendrá que lidiar México. Bannon es el principal consejero de Trump y el más recalcitrante partidario de la construcción del muro y de que éste lo pague México. Su forma de hacer política es clara: “El miedo es algo bueno. El miedo lleva a tomar medidas”, dice Bannon. Así, no basta
–como quiere el Ingeniero Slim–, leer los libros de Trump para saber con quién estamos lidiando. Es necesario entender que la Casa Blanca ha sido tomada por un grupúsculo de ultraderecha radical, afín al Frente Nacional de Marie Le Pen en Francia.

¿Es Trump únicamente –como lo pinta Slim– un negociador agresivo?

The Washington Post lo ha comparado con Pinochet. Ha dejado Trump muy en claro que está a favor de la tortura. Presume que si en algo es bueno es para lo militar.

“Soy el tipo más rudo. Voy a reconstituir los cuerpos militares. Serán fortísimos, poderosos y grandiosos”. ¿A qué suena todo esto? A fascismo. La política del terror y de la fuerza. Tratará de todas las formas posibles de acallar a los medios de comunicación. Es el consejo que dio Bannon a los medios: “deberían mantener la boca cerrada”.

Ante un gobierno con las características que he descrito, Slim no ve ningún riesgo, al contrario, ve “muchas oportunidades”. No nos engañemos. Es momento de pensar en alternativas radicales. Si las negociaciones sobre el TLC las sigue conduciendo un tipo como Bannon no se contentará con un buen acuerdo para ambas partes, querrá supeditarnos y humillarnos. Debemos lanzar iniciativas urgentes para buscar alianzas con China y Alemania, dos de los principales perjudicados con las nuevas políticas de Trump. La insistencia negociadora del equipo mexicano sólo se explica por las aspiraciones presidenciales de quien lo encabeza. No podemos atenernos a eso.

Debemos ver más lejos y con rapidez. Apenas lleva Trump una semana en el cargo. Hay quienes creen que el tiempo, con tantos frentes abiertos, terminará por debilitarlo. Puede ser. Pero también podría suceder que con el tiempo vaya aumentando su poder, que comiencen a salir a la luz las fuerzas de la ultraderecha norteamericana que lo llevaron al poder, armadas y agresivas. Quien se haya dado una vuelta por los sitios que esos movimientos radicales tienen en internet sabrá a qué me refiero. Están ansiosos de salir a las calles. Los lobos están aullando. No nos podemos mantener indiferentes.

Twitter: @Fernandogr

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