Opinión

Un mundo feliz

    
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Fracking

El consumo de energía en el mundo, sea medido por persona o por unidad producida, se ha venido reduciendo desde inicios de los años ochenta. Hoy, el consumo promedio en el mundo es de 48 mil 500 calorías diarias por persona, que es algo así como siete veces el mínimo necesario. Hay países que consumen mucho más, como Estados Unidos y Canadá, que están entre cuatro y cinco veces el promedio mundial. Pero el crecimiento del consumo mundial apenas alcanza 1.0 por ciento anual, de forma que no hay problema alguno hacia delante.

Pero lo que ocurre con la producción de energía es mucho más interesante. Como sabe, el gran despegue de la economía mundial se debe al uso de combustibles fósiles: carbón en el siglo XIX y petróleo en el siglo XX. Ambos se siguen utilizando, especialmente el petróleo, pero hemos empezado a consumir mucho más gas en lugar del carbón, especialmente para la generación de energía eléctrica. Ésa es una gran noticia porque el gas natural tiene un impacto mucho menor en la acumulación de bióxido de carbono, que se asocia con el cambio climático. Y también porque la producción de carbón es mucho más peligrosa que la de gas.

El cambio tecnológico ocurrido en 2005, que se conoce genéricamente como fracking, y que consiste de dos tecnologías separadas: fractura hidráulica y perforación horizontal, nos ha permitido contar con más petróleo y gas del que imaginábamos. Tanto, que ahora se vende más barato, a pesar de que la demanda crece. Como ocurre con frecuencia con los cambios tecnológicos, los primeros pozos perforados con fracking requerían precios de más de cien dólares para salir tablas. Hoy hay regiones en Estados Unidos que podrían producir con un precio internacional de 30 dólares por barril.

Y ese mismo efecto de la evolución tecnológica se puede observar en la generación de electricidad fotovoltaica; es decir, de páneles solares. Hace 40 años, cuando empezó esto, producir un watt costaba un dólar. Hoy, un kilowatt puede producirse en menos de 30 centavos. Eso significa una reducción de costo de tres mil veces. Pero más importante: a 30 centavos el kilowatt, los páneles ya compiten con el costo de producción de una termoeléctrica de gas. El gran defecto que todavía tienen los páneles es que sólo funcionan cuando hay sol, obviamente, de forma que en la noche, cuando más se necesita la electricidad, nomás acumulan polvo.

Pero en eso también hay un avance muy interesante en la producción de baterías. El costo por kilowatt-hora ha alcanzado los 230 dólares, que es mucho menos de lo que se esperaba para estas fechas. En los próximos meses, la instalación de inmensas 'granjas' de baterías en Australia y China puede acelerar esta caída en precios, y Elon Musk, el creador del Tesla y quien ha apostado que puede construir la granja de Australia en sólo cien días, piensa que dentro de tres años podríamos estar en 100 dólares por Kwh. Por cierto, Tesla produce baterías domésticas, para complementar el uso de páneles solares, y hace unos días presentó su famoso modelo 3, un auto eléctrico de Tesla a sólo 30 mil dólares.

Tal vez porque el proceso va más rápido de lo imaginado, Volvo ha anunciado que para 2019 todos sus autos serán eléctricos, y entiendo que en Francia piensan que para 2040 podrían desaparecer los autos que usen combustibles fósiles. Súmele a eso los prototipos de autos y camiones autónomos que ya recorren carreteras en países desarrollados, y verá que en muy poco tiempo estaremos en un mundo muy diferente.

Frente a eso, resultan patéticos los que quieren revivir la industria del carbón en Estados Unidos, o el monopolio de petróleo en México. Patéticos.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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