Opinión

Un motor que se puede quedar sin potencia

 
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Un motor que se puede quedar sin potencia.

El motor que movió a la economía mexicana el año pasado empieza a perder potencia: el mercado interno.

Veamos algunas cifras.

El empleo formal creció en 2016 a un ritmo de 4.4 por ciento. El salario real del sector formal lo hizo a 3.9 por ciento nominal, lo cual se tradujo en 0.5 por ciento de avance real.

Esto implica que la masa salarial real del sector formal creció a una tasa anual de 4.9 por ciento.

Este fue el factor que permitió que la economía mexicana en 2016 siguiera avanzando.

Pero contrastó con una caída de 1.8 por ciento en las exportaciones totales del país en 2016.

Lo anterior quiere decir que, como le refería, el crecimiento dependió el año pasado, en gran medida, del aumento del consumo doméstico.

Han empezado a surgir cifras del primer mes de 2017 y los datos no son alentadores.

Las ventas de autos crecieron en el primer mes del año en 3.0 por ciento.

La cifra tiene dos lecturas. La primera es positiva. Pese a todo lo que pasó en enero: gasolinazo, saqueos, toma de posesión de Trump, las ventas siguen creciendo.

La segunda lectura es negativa. En contraste con las cifras de 2016, que marcaron un crecimiento de 18.6 por ciento para los 12 meses previos, ahora el crecimiento fue mucho menor.

Ese hecho es consistente con el cambio de percepción de los consumidores. En la encuesta que levanta el Inegi cada mes, la respuesta a la pregunta respecto a la capacidad de compra de bienes duraderos en enero tuvo una caída de 26.2 por ciento respecto al mes previo. Un auténtico desplome.

Esto quiere decir que enero sí marcó un punto de inflexión en la perspectiva de los consumidores.

El otro dato del primer mes correspondió a las ventas de Wal-Mart, la principal empresa de comercio minorista del país.

El crecimiento nominal fue de 5.3 por ciento. Tan sólo extrapolando la inflación de la primera quincena de enero, de 4.8 por ciento, se registró un crecimiento de sólo 0.5 por ciento real a tiendas iguales.

En el promedio del año pasado, el crecimiento real de las ventas estuvo cerca de un 4.0 por ciento anual.

Las cifras no mienten. Pese a que todavía en el último mes hubo un impulso del mercado interno, enero ha significado un punto de quiebre.

La incertidumbre provocada por la llegada de Trump al gobierno de Estados Unidos, al mismo tiempo que la realidad de una inflación más elevada, ha propiciado que los consumidores sean cautelosos en la compra de bienes de consumo duraderos y más cuidadosos y selectivos en la adquisición de los bienes no duraderos, que son los que compramos de manera regular en los supermercados.

Tendremos un círculo que se puede retroalimentar. Un menor consumo podría propiciar una menor actividad, lo cual implicaría menor empleo y menor consumo, y así sucesivamente.

La única salida que tenemos es que se rompa la espiral de la desconfianza. Hasta ahora no se ve cómo, pero será necesario hacerlo si no queremos que el único motor que alentaba a la economía se quede sin combustible.

Los datos no sorprenden. Eran esperados, pero no por ello dejan de ser preocupantes.

Más vale que el gobierno encuentre la vía para dar un golpe de confianza.

Si no se consigue, habrá que resignarse a que 2017 será un año con un muy mal desempeño productivo.

Twitter: @E_Q_

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