Opinión

Un honor, maestro

  
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Zotoluco

En México existen historias de éxito que deben ser ejemplo para todos, historias basadas en el sacrificio, en el trabajo y en la capacidad. En el mundo del toro, Eulalio López Zotoluco es sin duda un ejemplo a seguir y admirar; siempre supo que quería ser torero y, siendo miembro de una importante dinastía de picadores tlaxcaltecas, él decidió vestir de oro.

Don Eulalio, su padre, le apoyó desde sus comienzos, sufriendo la angustia del papá del torero. En sus principios hizo enormes sacrificios para que su hijo pudiese torear, por lo general en condiciones complejas, encierros grandes, plazas modestas y con nulo dinero. Esto forjó al torero y al hombre.

Con humildad y modestia el Zotoluco supo aguantar injusticias, olvidos y hasta algún desprecio del medio taurino. Se preparó sin cesar. Dueño de una intuición privilegiada para entender las condiciones de los toros, Zotoluco tenía claro que una vez que llegara la oportunidad no la iba a dejar pasar, y así fue, en diciembre de 1991 en la Plaza México demostró su capacidad. Con pasta de ídolo tuvo una actuación sólida y contundente, tan es así que desde entonces, salvo un breve periodo de distanciamiento administrativo con la empresa, ha sido pilar de la Temporada Grande en la Plaza México y base de todas las ferias en la República Mexicana.

Sus números son impresionantes: 1,128 corridas hasta hoy, 1,423 orejas, 99 rabos, 25 indultos, 445 salidas a hombros, más de 2,250 toros, sólo cuatro cornadas y dos fracturas.

El próximo sábado 4 de febrero se despedirá en forma definitiva de los ruedos en la México, su plaza, donde ha actuado en 74 tardes, la gran mayoría exitosas, ninguna de fracaso. Su constancia es admirable, tiene 49 años y no sólo da pelea a la nueva generación, sino que no se deja de ninguna manera ganar las palmas. Se despide la tarde número 75 en el coso de Insurgentes, alternando con el maestro Enrique Ponce ante toros de la ganadería de Fernando de la Mora.

Esta es una cita imperdible para cualquier aficionado a los toros, zotoluquista o no. Se debe reconocer su trayectoria de 30 años como matador de toros, y que se retire en plenitud y con la grandeza de una figura del toreo.

Ha llevado el maestro Zotoluco el nombre de México muy en alto, por ejemplo en aquellas campañas heroicas en España, lidiando y triunfando ante corridas duras (Miura, Cebada Gago, Conde la Corte, Escolar, Conde la Maza, etc.). Allá tragó dentro del circuito de la dureza, sin alternar con las figuras, para luego en invierno verse con ellas en México. Son las injusticias del toreo, pero Zotoluco nunca rehuyó, al contrario, se arrimó y logró consolidarse por muchos años como la figura de la torería mexicana.

Su tauromaquia se basa en poderle a los toros, han sido muy pocos los que le han ganado la pelea, los que no se han dejado dominar por la amplia capacidad técnica del maestro. De inmediato les toma la distancia, les somete con un manejo preciso en tiempos, alturas y ritmos, para hacerlos embestir tras su muleta, nunca a merced, siempre en control. Ha sido capaz de poderle a los toros tratándolos con suavidad, el verdadero valor del torero ante el peligro y la violencia: quietud y firmeza. Torero de toreros. Torero de ganaderos. Torero de buenos aficionados.

Cuesta en México reconocer a los nuestros. En el toro, el maestro Zotoluco es una figura que dice adiós el próximo sábado en la plaza más importante del país. Es una cita imperdible, una cita emotiva, una cita justa para el mundo del toro, el adiós de uno de sus más importantes personajes en los últimos tiempos.

Twitter: @rafaelcue

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