Opinión

Un gobierno con asincronías

 
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Cerca de mil integrantes de la CNTE se dirigieron hacia la Segob. (Tomada de @SECCIONXXII)

Define el diccionario de la Real Academia a la asincronía como “la falta de coincidencia temporal en los hechos”.

En otro sentido, la asincronía es lo opuesto de la armonía, es decir, una circunstancia en la que los sonidos no ocurren en el ritmo, tono y tiempo en el que deben presentarse.

La referencia musical viene a cuento como metáfora de las políticas públicas en esta administración pues se ha ido generando una gran asincronía entre las reformas transformadoras, la instrumentación de algunas de ellas, y sobre todo el conservadurismo en muchos ámbitos de la política.

Reformar, como se hizo en el sector petrolero o de telecomunicaciones, por citar los dos ámbitos más relevantes, ha significado modernizar. La dirección específica en la que las reglas cambiaron fue la apertura a la competencia en esos dos ámbitos, con objeto de que fueran más eficientes y promovieran el aumento de la productividad en el país.

Esos cambios ya son históricos, y bien instrumentados, van a tener un enorme impacto en el largo plazo, aunque hoy no se les aprecie de ese modo.

Hay otra reforma crucial que se ha quedado a medias en su instrumentación: la educativa. Estamos lejos de las aspiraciones propuestas cuando se realizaron los cambios constitucionales y legales en la materia. Pese a que contó con el consenso de las fuerzas políticas, (87 a favor y dos en contra en el Senado; 432 votos, ninguno en contra y dos abstenciones en la Cámara baja), lo que le dio una fuerza inusual; pese a ello, el gobierno se ha visto rehén de la CNTE y la CETEG, y tampoco ha avanzado lo suficiente en otras tareas como la vinculación entre la evaluación y la remuneración y/o permanencia. En materia educativa, la reforma está trunca.

Pero, donde parece no sólo no haber avance sino retroceso, es en lo que toca a la capacidad del gobierno para modernizar sus comportamientos políticos.

La expresión de ello es la crisis de confianza que apareció entre los últimos días de septiembre y los primeros de octubre, asociada con Ayotzinapa y la 'casa blanca'.

La secuencia de decisiones que se han tomado desde entonces no ha funcionado para restablecer credibilidad y fe en el proyecto.

Y, otras decisiones gubernamentales, como la postulación de Medina Mora a la Corte, o de orden privado, como la salida de Aristegui de MVS, profundizan la desconfianza.

La experiencia internacional indica que los procesos de modernización de sociedades cerradas, como ocurrió por ejemplo con Rusia, muestran que hay muchas mayores posibilidades de éxito cuando se sincronizan tanto la modernización económica como la política.

El factor crucial que las ata es el Estado de derecho. Inseguridad en los contratos; en las propiedades y las personas, o dudas respecto a la transparencia y honestidad en las asignaciones, reducen el potencial de crecimiento, o exigen recompensas mayores para la inversión, y al final de cuentas reducen la capacidad de desarrollo del país.

El dilema es si las asincronías de la modernización dejarán trunca a ésta o si habrá el talento para completar este ciclo que inició exitosamente esta administración. Allí está la disyuntiva.

Twitter: @E_Q_

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