Opinión

Un 'flashazo' de cine mexicano

 
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Semana Santa.

Hace una semana participé como jurado de la crítica en el Festival de Durango, donde formé parte de una terna que eligió la ganadora entre siete películas mexicanas. La experiencia me permitió obtener una muestra pequeña pero sustanciosa del cine nacional.

La mezcla fue ecléctica. Los reyes del pueblo que no existe, un documental discreto, por momentos lírico, sobre un pueblo en Sinaloa, sumergido por la construcción de una presa; La casa más grande del mundo, un drama conmovedor sobre una niña maya que pierde a su ganado el día en que su madre dará a luz; Somos lengua, un mosaico vibrante del rap mexicano; 600 millas, un retrato descarnado del tráfico de armas en la frontera y la relación simbiótica, pero desigual, entre México y Estados Unidos; Las elegidas, una ventana al horror de la trata de blancas al norte del país; Maquinaria panamericana, una cinta melancólica, surreal, sobre el último día de trabajo en una fábrica; y Semana Santa (mi favorita): una mirada a un trío de personas que vacacionan en un all-inclusive cochambroso de Acapulco.

La deliberación, a puertas abiertas, obligó al jurado a valorar las contendientes frente al público. El proceso fue transparente e incómodo: a contrarreloj, a veces no daba tiempo de abordar cada obra con la paciencia necesaria. El formato también orillaba a elogiar o descalificar con argumentos rápidos, más adecuados para un programa como Top Chef que para un festival de cine. Al final dejé de pujar por Semana Santa y, como el resto del jurado, me incliné por Maquinaria panamericana, una película que se atreve a hablar de México (o el mundo) desde el absurdo buñuelesco. Un crítico con afanes interpretativos quizás la vería como una fábula sobre la crisis de 2008, la sociedad posindustrial o cualquier economía a pique: Maquinaria panamericana tiene la virtud de no estar fincada en una coyuntura específica, ni siquiera estrictamente en la geografía.

Semana Santa
Año: 2015
Director: Alejandra Márquez Abella
País: México
Productres: Pimienta Films, Cinematográfica CR, Itaca Films, Lado B Films
y Terminalienstock
Duración: 85 minutos

Anoto esto como una virtud porque, si bien admiro la brutalidad de Las elegidas, el triste panorama de aquel pueblo ahogado de Los reyes… y el retrato tan preciso que 600 millas hace del narcotráfico como la gran industria aspiracional mexicana, caí en la cuenta de cuánto disfruto ver cine nacional consciente de su ADN, pero no interesado en abordar México desde un ángulo social, de denuncia o crítica. Halley, Los insólitos peces gato, Después de Lucía, incluso Post tenebras lux (las películas nacionales que más me han gustado en los últimos años) tienden a ser así. Reconozco que quizás se trate de un prurito subjetivo, pero considero relevante hallar el balance entre el cine anclado al calendario y el que se desenvuelve sin verse en el espejo de la coyuntura.

Por eso defendí Semana Santa. Aunque ocurre en un sitio muy mexicano –playas que rentan jet-skis y caballos; barras de cocteles que ofrecen horrorosos daiquiris; malecones sucios, de arena opaca–, la directora Alejandra Márquez Abella se enfoca en los mundos internos de Dali (Anajosé Aldrete Echevarría), su hijo Pepe (Esteban Ávila) y Gil (Tenoch Huerta), su novio, y en cómo las penas que guardan poco a poco salen a la superficie, empujándolos a herirse de formas que me resultaron verosímiles, narradas sin sentimentalismo o afanes punitivos. México está en el escenario; en el vocabulario escueto de Gil, en la religión de Pepe y en el alcoholismo de Dali. Es una película mexicana, sin duda. Su drama, no obstante, es universal.

Twitter: @dkrauze156

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