Opinión

Un filósofo alemán

    
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Marx se convertirá en el pensador más influyente del siglo XX. (Alejandro Gómez)

Si ayer se recordaron cien años de la Revolución Rusa, dentro de unos meses, el 5 de mayo, se recordarán doscientos del nacimiento de Carlos Marx. Leszek Kolakowski inicia Principales corrientes del Marxismo, que es posiblemente el mejor libro en este tema, con una gran frase: “Marx fue un filósofo alemán”. Así de simple, pero sumamente importante.

Carlos Marx no fue un economista, aunque intentó aprender por su cuenta esta ciencia. No logró mucho, porque para entonces ya tenía ideas muy fijas que le hicieron adaptar lo que leía a su conveniencia. Su primer encuentro con la economía, me parece, fue el gran libro de su socio, mecenas, y contlapache, Federico Engels, La condición de la clase obrera en Inglaterra, que se publicó en 1845, aunque Marx lo conoció desde 1842. Es de ahí de dónde surge la idea del proletariado como clase fundamental, que le permite imaginar lo aprendido de Hegel ya no centrado en el “Espíritu”, sino en el “proletariado”.

Como muchos pensadores contemporáneos, Marx intenta darle sentido a la historia como una serie de etapas, que se van sustituyendo de forma dialéctica (es decir, no lógica, sino como enfrentamiento). Supone que las grandes diferencias entre esas etapas tienen que ver con la producción, y con base en ello arma su esquema: esclavismo, feudalismo, capitalismo, a lo que debe seguir el triunfo del proletariado, así como en Hegel ocurre el retorno al Espíritu.

La cantidad de información que se tenía entonces era muy reducida (había un gran conocimiento de la antigüedad clásica, pero muy poco fuera de ello), de manera que no podemos quejarnos demasiado de los esfuerzos de Marx. Prácticamente todo su pensamiento está definido antes de que Darwin publique el Origen de las especies (1859), por poner un ejemplo. Peor todavía, la gran revolución económica (marginalista) ocurre todavía después de ello, prácticamente en la década de 1870, cuando ya Marx había escrito el primer tomo de El Capital.

Sin duda, a Marx le hubiese sido muy útil estudiar más a Adam Smith (los dos libros) que a David Ricardo, pero por eso es tan importante la frase de Kolakowski: era un filósofo alemán, no escocés. Le era imposible hacer uso de ideas como los sentimientos morales, la división del trabajo y el libre comercio, mientras que algo como el valor-trabajo de Ricardo coincidía perfecto con su creencia en la posición del proletariado como clase transformadora.

Nadie puede regatearle a Marx su gran pluma. Manifiesto del Partido Comunista, El 18 Brumario de Luis Bonaparte, y muchos fragmentos de otras obras, son grandes textos. No siempre escribía así, y sus obras más largas son un espanto. Especialmente cuando intenta explicar conceptos que él mismo no tenía claros, como ocurre cuando escribe de economía. Mucho antes de que Lenin diera el golpe de mano que resucitó a Marx, ya sus ideas económicas habían sido totalmente destruidas, entre otros, por Böhm-Bawerk. Igual se usaron, y ya ve los resultados.

La filosofía alemana del siglo XIX es prodigiosa, desde Jacobi y Fichte, siguiendo con Kant, pasando por Hegel, aceptando dos medio externos como Schopenhauer y Kierkegaard, y terminando con Nietzsche, es una colección de catedrales del pensamiento. Pero se trata de eso, de filosofía, de intentos de explicar, preguntando cada vez mejor. Marx intenta salirse de esa esfera (se trata de transformar al mundo, dice), pero no tiene las herramientas para ello. Su idealismo materialista (perdone que, como él, use un oxímoron) es inaplicable.

En el siglo XX, Marx sirvió de inspiración para revolucionarios y de pretexto para intelectuales. El autoritarismo de sus seguidores políticos fue también el de sus feligreses académicos. Han dejado un páramo en buena parte de las ciencias sociales.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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