Opinión

Un Central Park de 2,340 mdp para Mazatlán

“¿Te acuerdas que el presidente dijo en Cancún que construiría veinte parques públicos en todo el país…? Pues ya nada más tienes que buscar 19, porque aquí te traigo uno”, le dijo Ernesto Coppel a la secretaria de Turismo, Claudia Ruiz Massieu, hace un par de semanas en su oficina.

Ernesto Coppel Kelly es un empresario mazatleco que tiene dos hoteles en Mazatlán, pero en realidad lo grueso de sus inversiones se encuentra en Los Cabos, aunque desde hace poco más de un año se viene preparando para irrumpir en el Caribe mexicano con la compra de cuatro hoteles: uno en Cancún y tres en la Riviera Maya, todos bajo su marca Pueblo Bonito, con una inversión que ronda los 500 millones de dólares (mdd).

Es un hotelero que como tal vale más de mil millones de dólares (mdd), con activos por 935 mdd, más otros 208 mdd de proyectos en desarrollo. Sus hoteles conjuntan dos mil 150 habitaciones y emplea a cuatro mil 200 trabajadores.

En resumen, es un empresario exitoso y peculiar, desenfadado y muy norteño, al cual, entre otras cosas, se le recuerda porque siendo presidente del Consejo Nacional Empresarial Turístico, algunas veces aparecía junto al presidente de la República en actos públicos con el cabello color zanahoria y en otros amarillo. Pero así es él, un sibarita siempre perfectamente vestido y arreglado, sonriente, políticamente incorrecto y todo el tiempo haciendo lo que se le da la gana.

Todo esto es parte de su singular personalidad, en la cual también se incluye ser un hombre agradecido con su tierra.

Con el deseo de aportar algo a su ciudad natal, que al mismo tiempo funja como atractivo turístico, desde el año pasado Coppel tenía la idea de construir un museo en Mazatlán, donde se exhibiera parte del inventario del Museo de Antropología de la ciudad de México que permanece embodegado. Al menos esa era la idea original, cuando me la platicó a mediados del año pasado.

Sin embargo, con el paso de los meses esa idea fue evolucionando hasta convertirse en un proyecto muy ambicioso: rescatar el bosque de la ciudad, un terreno de treinta hectáreas con laguna incluida, para convertirlo en una especie de Central Park, donde construirán un museo interactivo, un nuevo acuario y un aviario. Además, ya que el predio se localiza frente al mar, del otro lado de la avenida, el parque quedará conectado al malecón por medio de un puente peatonal panorámico.

De todo lo planeado, lo más caro será el acuario, que tendrá un costo de mil 400 millones de pesos; pero en total, todo el proyecto requiere de una inversión de dos mil 340 millones. ¿De dónde va a salir tanto dinero? ¿De la bolsa de Ernesto Coppel? Claro que no, pero sí de su experiencia y habilidades de empresario.

Desde el inicio, Coppel supo que el dinero debería buscarlo en los fondos federales que hay disponibles para este tipo de proyectos, pero en el Tianguis Turístico que se realizó en Cancún (mayo pasado), un anuncio del presidente Enrique Peña Nieto le cayó como anillo al dedo: dio a conocer que durante su sexenio el gobierno invertirá 180 mil millones de pesos directamente en infraestructura turística, dentro de la cual se contempla la construcción de veinte parques públicos.

Pero para poder obtener del gobierno los fondos que necesita, primero requiere invertir 18 millones de pesos en la realización del plan ejecutivo, para lo cual no se puede pedir dinero público. Coppel reunió a veinte de los principales empresarios de Mazatlán para pedirles una aportación de 500 mil pesos cada uno. “Si juntamos 20 millones, conseguiremos dos mil 340”, fue el argumento que blandió para convencerlos. Por lo pronto, en lo que se constituye un fideicomiso, Coppel ya ha puesto de su chequera seis millones de pesos, tres de los cuales entregó a Marinela Servitje (sí, atinó, la del Gansito), quien tiene una empresa que se dedica precisamente a hacer museos.

La señora Servitje trabaja en el proyecto conceptual y el plan ejecutivo se le encargó (están a punto de cerrar el trato) a Fernando Romero, el arquitecto que diseñó el nuevo museo Soumaya y que es yerno de Carlos Slim. Por cierto, también diseñó el recién inaugurado Acuario Inbursa, de su suegro, en el Distrito Federal.

Correo: opinion@elfinanciero.com.mx