Opinión

Un cambio de régimen en Suiza

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PAUL KRUGMAN. Un cambio de régimen en Suiza.

En estos días es ampliamente aceptado que es muy difícil que los bancos centrales ganen impulso en el límite inferior cero, a menos que puedan convencer a los inversionistas de que ha habido un cambio de régimen; en otras palabras, cambiar las expectativas sobre la política futura es más importante que lo que se haga ahora. A ese punto quería llegar en 1998, cuando sostuve que el Banco de Japón tenía que “prometer creíblemente ser irresponsable”, algo que apenas ha logrado hacer recientemente.

El problema es que el cambio de régimen es difícil de construir. El presidente Franklin D. Roosevelt lo hizo sacando a Estados Unidos del estándar de oro, pero salir del estándar de oro no es algo que pueda hacerse con frecuencia.

Sin embargo, la semana pasada el Banco Nacional Suizo (SNB, por sus siglas en inglés) administró un cambio de régimen creíble. Desafortunadamente, fue un cambio en la dirección equivocada. Al arrojar la toalla en la fijación al euro, el banco convenció a los mercados que su aparente compromiso previo de hacer lo que fuera necesario para evitar la deflación era nulo e inválido. Y este efecto sobre las expectativas aplastó la política inmediata concreta de tasas de interés drásticamente negativas sobre las reservas bancarias.

Y hay dos cosas a tener en cuenta. Primero, habiendo tirado su credibilidad (en el mundo actual, la credibilidad crucial que necesitan los bancos centrales no sólo conlleva la disposición a llevarse la canasta de dulces, sino la disposición a seguir metiéndole licor a una clientela abstemia) se dificulta ver cómo el SNB puede recuperarla. En segundo lugar, habrá derrames: la cobardía del banco hará que la política monetaria sea más complicada en otros países porque dejará a los mercados escépticos sobre si otros supuestos compromisos de mantener políticas no convencionales también resultarán de tiempo limitado.

Sobre “econohéroes”

Deduzco que algunos lectores no entendieron lo que insinué cuando declaré en mi blog en una publicación reciente (nyti.ms/1BTjPKn) que el economista Joe Stiglitz y su seguro servidor somos los “econohéroes” de la izquierda, mientras que gente como Stephen Moore y Art Laffer interpretan el papel en la derecha.

Primero que nada, no me estaba auto declarando héroe real; no soy nada por el estilo. ¿Mencioné que como que soy bajito? De hecho, la adoración a héroes de cualquier tipo, para cualquiera, es un gran error; si tenemos demasiada fe en cualquier individuo, es muy probable que nos defraude (sin embargo, hay verdaderos villanos).

No, lo que quise decir (y pensé que era obvio) es que el Sr. Stiglitz y yo tendemos a ser citados o invocados frecuentemente en los medios liberales por gente liberal en general, normalmente con (excesiva) aprobación. Y la cosa es que aunque hay gente que interpreta un papel comparable en discusiones del ala derecha, no tienden a ser citados o siquiera economistas competentes.

Entonces, no me digan que Greg Mankiw o Robert Barro son economistas famosos y también conservadores. Efectivamente lo son. ¿Pero son omnipresentes en el paisaje conservador? Tomemos por ejemplo una métrica burda y veamos los resultados de búsqueda en Google News. Si buscamos “Mankiw economy”, tenemos aproximadamente cinco mil 200 resultados, muchos de ellos sobre debates en encuentros económicos recientes. Si escribimos “Stephen Moore economy”, se obtienen 65 mil 700 resultados. Si ponemos “Stiglitz economy”, hay 43 mil 800 resultados.

Lo veo como una verdadera asimetría. Si usted quiere, puede afirmar que dentro de la profesión económica los conservadores son igualmente intelectuales o superiores que los liberales (y no, los profesores de economía no son abrumadoramente liberales en la forma en que algunos vienen de otras ciencias sociales). No obstante, el punto es que la derecha no recurre a estos economistas conservadores eminentes en busca de guía o apoyo. Prefiere a los escritores de tercera.

Twitter: @NYTimeskrugman

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