Opinión

Un cadáver que apesta

El PRI ha sabido guardar muy bien sus esqueletos en el clóset, pero hay uno que no puede ocultar porque apesta desde Saltillo hasta San Antonio: el lavado de dinero de quien fuera tesorero del gobierno de Humberto Moreira, Javier Villarreal.

Esta semana se declaró culpable, ante un juzgado de Texas, de lavar dinero producto de porcentajes que recibía de parte de contratistas que favorecía con obra pública.

El argumento no convence, ya que las tesorerías de los estados no son las encargadas de adjudicar obras, por lo menos no las importantes, y todo indica que ahí también hay gato encerrado.

La administración de Rubén Moreira, gobernador de Coahuila, dijo que los recursos encontrados a Villarreal en Texas y en las Bermudas –unos nueve millones de dólares–, no pertenecen al erario de la entidad.

Con el deslinde anterior, el gobernador Moreira exonera al exgobernador Moreira, su hermano, de cualquier participación en un delito de desvío de recursos.

Suena raro, y por tanto suena a metálico, que Villarreal se haya dedicado a cobrar comisiones a contratistas por su cuenta y riesgo, y que de esos nueve millones de dólares encontrados en el extranjero, ni un centavo haya salido de las arcas que Humberto Moreira le encomendó.

Cabe recordar que el gobierno de Coahuila, con Humberto Moreira al frente, aumentó la deuda del estado de una manera vertiginosa: pasó de mil 998 millones de pesos en 2008 a 36 mil millones de pesos al final del quinquenio de Moreira, que dejó el cargo para dirigir al PRI nacional.

Humberto Moreira tiene responsabilidad directa en la contratación de esa deuda descomunal de parte el gobierno que él encabezaba, y que hoy los coahuilenses pagan con más impuestos.

Y tiene una responsabilidad política inocultable en el enriquecimiento de su tesorero, pues a él rendía cuentas y él era su jefe directo.

Rubén, actual gobernador y hermano de Humberto Moreira, perdió una oportunidad de oro al no reclamar para Coahuila la fortuna mal habida del tesorero de su hermano, pues por lo menos se habrían ingresado esos recursos al erario coahuilense.

Claro, haber dicho que los millones de dólares ocultos en Estados Unidos y en las islas Bermudas [pertenecían a las arcas del estado] habría implicado responsabilidad, legal o política, de su hermano el exgobernador, por no cuidar el patrimonio del estado a su cargo.

Así es que esos millones de dólares, producto del lavado de dinero proveniente de porcentajes ilegales para la adjudicación de obra pública, se lo van a repartir las agencias estadounidenses, entre ellas la Patrulla Fronteriza y la DEA.

¿Todo va a quedar ahí? Bueno, Villarreal ya está detenido y confeso, por lo que tendrá que pagar con cárcel, pero en Estados Unidos.

Allá va el fruto de lo que se obtuvo ilegalmente en Coahuila. Allá se queda el dinero que salió de Coahuila. Y allá se queda el que cometió el delito mientras era tesorero de Coahuila.

Y México, concretamente Coahuila, el estado agraviado y saqueado, se queda nada más mirando.

Lo lógico sería que el gobernador Rubén Moreira reclamara ese dinero y solicitara castigar en México a Javier Villarreal. Pero, claro, ello sería golpear a su antecesor, su hermano Humberto.

Por eso, entre otras cosas, los cargos públicos en México no pueden ni deben heredarse entre parientes. La pesadilla de Coahuila va a durar hasta el último día de gobierno de Rubén Moreira.

Twitter: @PabloHiriart