Opinión

"Un bolero para Arnaldo"

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Libro Rubén Cortés. (Ilustración)

Me emocionó leer el más reciente libro de Rubén Cortés, uno de los mejores narradores y periodistas de México, en que nos cuenta de Cuba, de la transformación de las personas con la dictadura, de su padre, de Santino, de su familia a la que ayudó a liberar, “y me gusta pensar que Mami y el Viejo me felicitan desde estas nubes”.

Duele ver que una utopía como la cubana, que se propuso dar al mundo el Hombre Nuevo, termine como ahora termina. Bien dijo Borges que todas las utopías que se escriben con mayúscula desembocan en campos de concentración, en archipiélagos Gúlag, en cámaras de gases, en inquisiciones o en dictaduras asfixiantes.

De Un Bolero para Arnaldo (Cal y Arena) me quedo con la prosa para describir las cuestiones cotidianas, como la delicadeza con que su padre dobla el Granma en el parque de beisbol para sentarse sobre él y no ensuciar el pantalón de asistir a los bautizos. Y las anécdotas de peloteros humillados por sus esposas, o el presidiario que huyó de la cárcel sólo porque quería bañarse con jabón.

Pero el interés general está en el golpe a la idiosincrasia cubana que propinó “la Gran Utopía” –como la llama Rubén.

“Pinar del Río –la ciudad donde nació el autor– era entonces el pueblo guajiro que siguió siendo siempre, sólo que más humano, con una hermosísima atmósfera de falta de riqueza que, sin embargo, no equivalía a pobreza. Y los muertos provocaban solidaridad con sus deudos. Ya después, con la Gran Utopía fortalecida, se quebró la estructura familiar debido a la emigración masiva a Estados Unidos y la implantación por decreto de las Escuelas en el Campo que separaron a los hijos de sus padres.

“La Gran Utopía fomentó la simulación política y la doble moral individual y familiar como única manera de alcanzar alguna promoción humana. Los cubanos engendramos un huevo de serpiente que descascaró en una expresión social generalizada de bandidaje, egoísmo y miseria: tres males que crecieron más todavía tras la caída del Muro de Berlín. Entonces Pinar del Río se volvió, igual que Cuba entera, en un pueblo jodido donde la gente casi dejó de ir a los velorios. Porque la Gran Utopía sacó lo peor de los cubanos, al obligarnos a luchar para vivir, lo cual nos hizo ceder espacios de dignidad con tal de alcanzar una vivienda, un buen trabajo, un viaje al extranjero y privilegios como comer salchichas o usar papel sanitario” (págs. 26-27).

Rubén disiente de su padre (Arnaldo, que falleció en Pinar del Río) en un tema fundamental: “Su amor por Cuba tenía un defecto: era ciego. Por eso nunca le importó que el sistema le dictara órdenes. Mi padre no entendía que a pesar del amor, los pueblos deben ser libres.” Y cita a José Martí: “Al igual que el hueso al cuerpo humano, y el eje a una rueda y el canto a un pájaro y el aire al ala, así es la libertad, la esencia de la vida, cualquier cosa que se haga sin ella, es imperfecta”.

Un Bolero para Arnaldo, libro emotivo y por muchas razones entrañable. Se los recomiendo.

Twitter: @PabloHiriart

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